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Otra vez, las excomuniones de Hidalgo y Morelos 2

MORELIA, Mich.- Vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador.  En estas explicaciones que los investigadores de la Conferencia del Episcopado Mexicano ahora sacan a la luz para, explican, responder a un clamor público acerca de las excomuniones de Hidalgo y Morelos, hay una clara distinción entre las circunstancias de uno y otro, aunque, a decir verdad, el resultado sea el mismo: Ni Hidalgo ni Morelos estaban excomulgados en el momento de ser pasados por las armas. Entonces, se pregunta uno, ¿a qué tanto mitote de laicos y religiosos por dejar esto aclarado hasta la saciedad?

UNO: LA GRILLA DEL PASADO.

Hay, me parece, argumentos de diversa índole que nos mantienen en esta grilla: por una parte, la cuestión política. Los mexicanos como colectividad mantenemos vigentes abundantes construcciones simbólicas que nos sirven para seguir dándonos cuerda y enarbolar más banderas de guerra que las almacenadas en el Castillo de Chapultepec. Por eso seguimos tirándonos al drama cada vez que se recuerda la invasión estadounidense, reducida a “lo que nos hicieron los gringos”, y tendemos a olvidarnos el estado de desunión, de inexistente interés público, de la falta de idea del servicio público, del exceso de intereses personales y muy mezquinos (caramba, qué coincidencia), y de la carencia de unión que caracterizó a los personajes relevantes de la vida política y social en ese LEJANO 1847.

Hay mañanas, tardes y noches en que me siento –y estoy persuadida de que otro tanto debe ocurrirles a muchos de los queridos amigos que leen este Reino- como asistente de fila preferente para ver el segundo round de la Guerra de Reforma, con una diferencia esencial: el bajo, bajísimo nivel de algunos de los contendientes en la arena pública.

Hace varios años, en una entrevista, Don Miguel León-Portilla me lo explicaba muy gráficamente: “si seguimos rascándonos y rascándonos la costra, nunca cicatriza. Simplemente, tenemos que dejar de rascarnos”. Algo así ocurre con ciertos asuntos del pasado: la conquista,  la invasión estadounidense,  la guerra de Reforma y otras cuestiones más.  Si se abre la posibilidad, algunos adoptan actitudes aparentemente racionales para decir que hoy día todo lo podemos discutir con serenidad, pero… (y aquí la manifestación de la inconformidad histórica. Esta actitud, con bastante frecuencia, se la he escuchado a personas vinculadas a la iglesia católica que aún disienten cuando se acuerdan por ejemplo, de la nacionalización de bienes eclesiásticos dispuesta por Juárez).

Y el fenómeno se repite con sistematicidad. Antes y ahora. Guillermo Prieto, septuagenario y ya muy cerca de la tumba, seguía dándose golpes de pecho cuando se acordaba que había sido polko; acá por casa, en torno a la parroquia de la Sagrada Familia de la colonia Roma, cada vez que se habla del héroe local, el padre Miguel Agustín Pro, salen, quién sabe de dónde,  ancianitos y ancianitas, muy, pero muy mayores, dispuestos a contar que cuando los bautizaron en un sótano de alguna de las viejas casas de la zona, el padre Pro estaba ahí, a dos metros de ellos, y sólo esperan una señal para arrancarse a cantar himnos cristeros…. Un partido de futbol entre las selecciones nacionales de México y Estados Unidos es suficiente para que, en la glorieta del Ángel , la broza broza broza le arroje cuanto halle de arrojadizo a un grupo de turistas (y yo sigo resistiéndome a creer que el honor de la patria reside en las piernas de once individuos).

 Lo dicho, no hemos aprendido a dejar de rascarnos… y lo de las excomuniones de los curas insurgentes entra en esta larga lista de razones para rascarse… pero, se quejarán algunos, y entonces, ¿todo lo que hemos avanzado en materia de investigación histórica, en la profesionalización de los historiadores?  ¿qué no sirve, precisamente, para dejar de rascarnos y hacer un buen ejercicio de autocrítica? He ahí, pues, el vínculo que nos falta fortalecer: el reto estriba en lograr que ese conocimiento histórico llegue a todos los que no lo poseen, diputados y reporteros, ay, incluidos.  

A lo mejor, entonces, dejamos de emprender escaramuzas que llegan a resultar hasta ociosas, en vista de las urgentes necesidades del presente. Eso sí, podríamos aprender cómo la falta de unión, cómo la escasa imaginación, cómo la pereza, cómo la inexistencia de agallas, cómo la indecisión, cómo la falta de profesionalismo, cómo el exceso de soberbia e insensibilidad le han dado en la torre a tantas cosas en este Reino de Todos los Días. Y todo esto, sin dejar de aprender, investigar y discutir hechos, personajes y actitudes que son pasado.

DOS: LA HISTORIA E HIDALGO

Desde la  perspectiva de la investigación profesional y seria, atrae a los conocedores, estudiosos e interesados por la historia del movimiento de independencia, del mismo modo que  a los que no teniendo credenciales académicas igual les importa de manera esencial nuestro pasado colectivo, saber qué clase de margallate jurídico-teológico-político  fueron las excomuniones de Miguel Hidalgo y José María Morelos, explicable, ciertamente, por lo vertiginoso de los acontecimientos de 1810. Vaya, por puro ejercicio de rigor intelectual y, como diría, y creo que acertadamente, el padre Manuel Olimón, sacerdote católico e historiador preciso, hasta de amor a la verdad. Ese saber qué pasó que nos hermana a los historiadores y a los periodistas.

Bueno, ¿Y entonces qué con los curas insurgentes? El caso de la excomunión de Hidalgo es, precisamente, uno de esos en los que la Grilla del Pasado ha determinado la necesidad de seguir la discusión, cuando mucha de la información histórica sobre el tema está ahí, es conocida por gran cantidad, sino es que la totalidad de los investigadores en materia de Independencia, y de regreso al problema… no todo mundo posee esta misma información. Por eso, desde 1928 ya se polemizaba al respecto: el padre Mariano Cuevas, autor de una considerable Historia de la Iglesia en México, señalaba la invalidez de la excomunión emitida en septiembre 24 de 1810 por Abad y Queipo, basado en el mismo argumento de que don Manuel no había tomado posesión de su cargo eclesiástico.  Nada más veinticinco años después,  se formó una Comisión, auspiciada por el entonces Arzobispo Luis María Martínez, dedicada a esclarecer el punto.

Integraban esa comisión los señores sacerdotes e historiadores José Bravo Ugarte y Jesús García Gutiérrez, y un laico, Juan B. Iguíniz, director de la Biblioteca Nacional. Ellos concluyeron que la excomunión sí era válida porque Abad y Queipo había sido nombrado por el Cabildo Catedral de Valladolid y por lo tanto estaba investido de la autoridad necesaria para dar por buena su decisión.

Curiosamente, digamos, en el documento firmado en este siglo XXI por el padre Watson y difundido por el padre Valdemar,  publicado en el Libro Anual del ISEE (Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos) de 2008, de la Arquidiócesis de México, se omite en la argumentación, por ejemplo, tanto los edictos que apoyaban la excomunión de Abad y Queipo, expedidos en Guadalajara y en Puebla, por sus respectivos obispos, en octubre de 1810, como el levantamiento que de la excomunión de Abad y Queipo hizo el conde de Sierra Gorda y canónigo de Valladolid, don Mariano Escandón en ese mismo octubre de 1810.

 De hecho, todo este dictamen, al menos en lo que a su aparato crítico remite, se ha efectuado fundamentalmente  a partir de los documentos 19, 34 y 61 del Tomo I, y 44 del Tomo II de la Historia de la Guerra de Independencia de México, compilación  de Hernández y Dávalos y publicado entre 1877 y 1882. Actualmente, puede consultarse en la red gracias al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

Pero el dictamen del padre Watson pasa, directamente, a la documentación de los procesos, degradación sacerdotal  y fusilamiento del padre Hidalgo. Y acaba concluyendo lo que ya sabemos: que, habiendo recibido el sacramento de la confesión y habiendo recibido la correspondiente absolución, era claro que no se encontraba privado de los sacramentos, como corresponde a cualquier excomulgado.

Y nuevamente la pregunta, entonces, ¿qué más ha de decirse al respecto? Bueno, los investigadores que dirige el padre Roberto Jaramillo Escutia, quien por cierto es decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de México, aportan algunos datos de interés que nos hablan del vértigo de aquellos días, de la rapidez con que se sucedió esta batalla político religiosa y del sano temor que ciertamente inspiraban las huestes de Hidalgo, pero todo a fin de cuentas, y como tantas cosas del presente se explica porque se trata de una falla estratégica de comunicación.

Agregan a esta novela:

  1. Pese al levantamiento de la pena canónica emitido por el Conde de Sierra Gorda, en el cual influyó decisivamente el susto que traían en Valladolid ante la inminente llegada de Hidalgo y sus huestes, de todos modos Hidalgo volvió a incurrir en excomunión (una más) a causa de las matanzas de españoles inocentes que ocurrieron en la propia Valladolid, en Guadalajara y en Guanajuato y que se consideran innecesarios para la causa insurgente. En ese sentido, y durante su juicio, Hidalgo admitirá el hecho, no los enjuició, porque muy clara tenía su inocencia. Uno puede preguntarse si el quebrantamiento simple y expedito de alguno de los diez mandamientos implica de facto excomunión, pero bueno, eso es lo que la CEM argumenta por ahora, admitiendo que no hay, al respecto de estas matanzas, una declaración episcopal. O sea, usamos argumentos implícitos de dos siglos después.
  2. Más tarde, hacia diciembre de 1810, el conde de Sierra Gorda explicará sus motivaciones para haber levantado la dichosa excomunión. Pero ojo, acaba por respaldar aquel edicto de Abad y Queipo con el que comenzó todo este alboroto.
  3. El CEM asegura que estos argumentos del señor canónigo conde de Sierra Gorda implicaron una renovación de la pena canónica, pero (caramba, qué coincidencia), NO SE PUBLICITÓ. Les digo, un problema de estrategia de comunicación.
  4. Pero para el caso y el fin de esta historia de Hidalgo, al menos por el momento, los resultados son los mismos: el cura de Dolores se confesó y fue absuelto. La CEM opina que, estando en la inminencia de muerte, cualquier sacerdote estaba en posibilidades de levantar la excomunión (eso es lo maravilloso: hagan todas las barbaridades que deseen, porque a la hora de la hora, si se arrepienten, todo queda en santa paz. Vean, al respecto, una excelente película sobre el tema, Constantine).
  5. Y entonces, se pregunta la concurrencia con una cierta sensación de que lo han estado entreteniendo de más: ¿en qué está lo novedoso? Simplemente, en algunos detalles de la investigación que son bastante interesantes, pero que, en lo personal, deseo sirvan para que ningún otro canijo diputado vuelva a cobijarse con la bandera tricolor y reclamar por la excomunión de Hidalgo. Esperemos que, en esta ocasión, el estado de la cuestión se publicite lo suficiente. Si no, nada habremos avanzado y seguirá habiendo conciencias intranquilas por saber en dónde anda el alma de Miguel Hidalgo. En el caso de Morelos y otros curas insurgentes, la cosa está más emocionante, pero luego le seguimos.

4 Responses to “Otra vez, las excomuniones de Hidalgo y Morelos 2”


  1. octubre 4, 2009 a las 4:07 pm

    Bien tratado y con ese estilo que manejas insuperable que nos haces recordar cuando por qué “seguimos tirándonos al drama cada vez que se recuerda la invasión estadounidense, reducida a “lo que nos hicieron los gringos”, y tendemos a olvidarnos el estado de desunión, de inexistente interés público, de la falta de idea del servicio público, del exceso de intereses personales y mezquinos…”

    Bravo esta muy tu manera de celñebrar el bicentenario,

    Martín

  2. 2 Bertha Hernández
    octubre 4, 2009 a las 5:51 pm

    Gracias, como siempre, mi querido Martín. Creo que este ejercicio de pensar en todas nuestros pleitos con el pasado tiene, tendría que desembocar en dejar de pelear con el pasado. No ignorarlo, no ocultarlo, no ponerle cortinas desvanecedoras, pero sí tenerlo en lo que es: pasado, fuente de aprendizaje, de inspiración, de alerta, de previsión. Yo espero que al próximo diputado que vuelva a lloriquear por la excomunión de Hidalgo reciba del respetable público una sonora rechilfa y la exigencia de que se ponga a trabajar.
    Esas son las esperanzas de este domingo de otoño.
    Mucho cariño, y abrazos como todas las veces.
    Bertha.

  3. 3 Bertha Hernández
    octubre 6, 2009 a las 2:43 pm

    COMO AL BUENO DE CARLITOS NO LE ALCANZÓ EL TIEMPO DE METER SU COMENTARIO AL BLOG, ME LO MANDÓ POR CORREO Y YO LO ARGEGO A ESTE DIÁLOCO A CORO:

    No me alcanzó el tiempo de ponerlo en el blog-.

    Mi prurito…

    Si, lo admito me gusta rascarme (primer paso, admitir el problema). Pero que placer y goce yace en nosotros los homínidos mesoamericanos, descendientes de Ardi ( la que desbanco a Lucy por un millón de años), la delicia del rascao, del fregao constante de los asuntos y la negación de ideas no resueltas de nuestra identidad (azteca, mexica o chilanga), frustrada por las derrotas y agravios a nuestra “Patria”, a muestras madres y padres vejados y a los recursos explotados de nuestro territorio en: “la conquista, la invasión estadounidense, la guerra de Reforma y otras cuestiones más”, como dices tú.

    Pero transcribiendo algo que encontré en la Internet, si: “para el rey de Francia Luis XVI era el mayor placer posible. Tenía el poder, anhelaba rascarse. Como no soy rey de Francia, ni tampoco rey Pelé del fut, ni rey Elvis del rock, ni he llegado a sentirme “El rey” de la canción mexicana, el goce del poder me falta, quiero ser el “mandamás”, el “mero-mero”, gobernando al menos el pequeño círculo de mi familia, ejerciendo una jerarquía en mi oficina, destacándome entre los amigos por el modelo de mi carro o por mi capacidad bebedora. Así, en mi microreino me sentiré un Luis XVI aunque no me dé por rascarme…”. ( La fruición constante puede crear habito). Al rascarme me siento dominador, conocedor y dador de razones y argumentos para culpar y acusar al otro (algo como impostura Lacaniana) de mis traumas. Yo estoy bien, tu estás mal…

    Así, la recurrencia de temas como si fue o no, la excomulgación al Fundador de la Patria y al Siervo de la Nación por la Santa Inquisición o el Santo Oficio, cala, muele y golpea a la ortodoxia y al dogma. Porque no es admisible quitar esta picazón de conciencias buenas.

    Pero, en afán de contribuir a la solución, van algunas medidas que los Dermatólogos que recomiendan para ayudar a manejar el prurito:

    Evite rascarse o frotarse las áreas afectadas( la conciencia). Mantenga las uñas cortas con el fin de evitar el daño en la piel al rascarse. Los miembros de la familia o amigos le pueden ayudar llamándole la atención sobre el rascado.
    Tome baños de agua tibia usando poco jabón y enjuagando completamente. Ensaye con un baño de avena o un baño de maicena para suavizar la piel.
    Aplique una loción suavizante después de bañarse para suavizar y refrescar la piel.
    Utilice una crema humectante sobre la piel, particularmente en los meses secos de invierno, dado que la piel seca es una causa común de prurito.
    Aplique compresas frías en el área afectada.
    Evite exposiciones prolongadas al calor o la humedad excesivos.
    Tome parte en actividades que lo distraigan de la picazón durante el día y que sean lo suficientemente agotadoras para permitir dormir durante la noche.
    Ensaye con antihistamínicos orales de venta libre, como la difenhidramina (Benadryl), pero sea consciente de los posibles efectos secundarios como la somnolencia.
    Intente con una crema de hidrocortisona de venta libre sobre áreas que presenten picazón.
    Saludos.

  4. octubre 20, 2009 a las 1:50 pm

    Estoy solicitando su amable visita al sitio relacionado siguiente:

    http://constituyentecivil-mexico2010.blogspot.com

    Quizá sea de su interes.

    Le informo que el 20 de noviembre de 2009 estaremos en Anenecuilco Morelos en una Asamblea Previa de la Constituyente 2010.

    Saludos.

    Alfredo Loredo.

    San Luis Potosí.


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