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Oct
09

Curas insurgentes: Morelos, cismático… y las historias de los otros

Pues esta es la estimación que, por el momento, tienen los investigadores de la  Conferencia del Episcopado Mexicano: sabemos desde hace mucho que José María Morelos y Pavón  fue capturado por las fuerzas realistas en noviembre de 1815 y que, en la ciudad de México fue sujeto de dos juicios, uno civil y otro inquisitorial. Lo que no sabíamos es el verdadero problema con don José María: en la práctica y para atender las necesidades espirituales de quienes vivían en las regiones bajo su dominio, creó una iglesia cismática.

La lectura de los datos es interesante: ahora que tanto se ha ventilado el asunto de las excomuniones o no excomuniones,  pleito que en algún momento volverá a salir a la luz, porque la legislatura es nueva y, como se ve, su cultura, su sensatez y su inteligencia no está ciertamente probada, ya volverán a reclamar el asunto. Mientras, la interpretación resulta novedosa y aporta datos a la vida de Morelos como sacerdote.

Hasta eso, la CEM se pone comprensiva, cosa que ciertos integrantes de la jerarquía católica no hicieron hace 199 años: “obviamente”, aclaran, Morelos actuó como actuó porque le preocupaba la situación espiritual de quienes vivían en los territorios que iba ocupando. Diremos en abono del padre Morelos que, en ese sentido, se ahorró la inquietud y el pesar que sí agobiaron al padre Hidalgo, consciente de la gran cantidad de insurgentes cuyas almas se condenaron cuando siguieron su llamado a la insurrección, pues en el recontramentado edicto de excomunión de monseñor Abad y Queipo, todos iban en el mismo paquete: tanto los que habían llamado a quebrantar el orden novohispano como los que, en el alboroto, se habían dejado seducir. Tenían un plazo de tres días para regresarse a sus casas, so pena de sufrir excomunión y confiscación de bienes. La verdad es que la amenaza del pobre de don Manuel le valió a muchos un celestial pistache.

Los argumentos de Morelos que presenta la CEM son muuuy interesantes. Según afirman, Morelos rechazó las amenazas y edictos de excomunión con la afirmación de que solo el Papa o un concilio podían excomulgar a una nación independiente y como tal consideraba a las zonas en poder de sus fuerzas. De allí a la idea de una iglesia nacional, ya no había mucha distancia. No lo dijo, no lo hizo explícito, pero la CEM es consciente de que, muy probablemente, le faltó tiempo para avanzar en ese sentido. Las prioridades de Morelos eran otras.

Los investigadores de la CEM consideran que en febrero de 2010, en la ciudad de León, podrán dar más y mejores detalles de estas ideas sobre la iglesia cismática de Morelos, gracias al examen del archivo de don Antonio Bergosa y Jordán, localizado en Jaca, España. En este aspecto, la investigación sobre Morelos resultará realmente novedosa y aportará detalles a la dimensión humana y espiritual del cura de Carácuaro.

En cuanto al pleito de la excomunión, la comisión de la CEM apunta un dato interesante:   en el proceso de degradación sacerdotal, el cura de Carácuaro recibió una penitencia: hacer confesión general y rezar los salmos penitenciales todos los viernes y sábados  ¡por el resto de su vida! Y tenía que rezar un rosario diario. Estaba pues, obligado a esta serie de ejercicios espirituales, y, puesto que iba derecho a la muerte, cualquier sacerdote católico tenía la posibilidad de levantarle la excomunión, CEM dixit.

Ya en prisión y en trance de ser fusilado, reporta la CEM, Morelos hizo confesión general, efectuó ejercicios espirituales entre el 3 y el 9 de diciembre de 1815, con la asistencia del presbítero José Francisco Guerra. No se ha logrado determinar si la confesión general se llevó a cabo antes o después de estos ejercicios, pero lo que es concluyente es que sí recibió el levantamiento de la excomunión.

Morelos fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec el 22 de diciembre, a las 3 de la tarde, y se le sepultó en el cementerio de la parroquia a las 4 de la tarde. Hoy día puede visitarse el museo de sitio allá en Ecatepec, a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y se le conoce como Centro Comunitario de Ecatepec Casa de Morelos. (aquí hay link a la ficha del INAH)  Es un sitio interesante de recorrer, pues es también el antiguo sitio de descanso de los virreyes novohispanos antes de entrar en la Ciudad de México, y si hoy día resulta escandalosamente lejos de la Ciudad de México para quienes no nos movemos con frecuencia en la zona conurbada de la capital, no me quiero ni imaginar lo que fue en ese lejano 1815.

Vuelvo a la relación de los hechos: Informado Morelos de la inminencia de su ejecución, volvió a confesarse, esta vez con un sacerdote de apellido Salazar y rezó los salmos penitenciales en compañía del párroco de San Cristóbal de Ecatepec y de su vicario. En el libro de defunciones de la parroquia quedó asentado el sepelio del cura insurgente:

En esta iglesia parroquial de San Cristóbal Ecatepec, el día 22 de diciembre de 1815, se le dio sepultura eclesiástica al cuerpo del bachiller Don José María Morelos, presbítero domiciliado y ex cura que fue del pueblo de Carácuaro, del obispado de Valladolid. Recibió los sacramentos de penitencia y eucaristía.

La anotación está firmada por el Bachiller José Miguel de Ayala. La CEM acota que Morelos no recibe la extremaunción por las sutilezas teológicas del momento. Morelos se hallaba, explican en “peligro de muerte”, no “en trance de muerte”, circunstancia en la que estarían, por ejemplo, los heridos en combate.

Por lo tanto, concluye tranquila la CEM, no habría pena canónica que levantar, porque en su debido momento (?) Morelos había sido liberado de la excomunión. El padre Roberto Jaramillo Escutia, tan seguro está de lo que afirma, que agrega que los señores ex diputados que empezaron el alboroto ya no debieran preocuparse por exigir el levantamiento de excomunión alguna. Pero, reta, si no estuviesen de acuerdo, que se pongan a investigar el asunto. Yo no me confiaría… como lo han demostrado, a los diputados se les ocurre cada cosa….

Me agrada el ribete argumentativo final del padre Jaramillo: la Iglesia no ha tenido duda alguna de la invalidación de las excomuniones de Hidalgo y Morelos (¿será?), pero como la sociedad mexicana SÍ,  eso es más que suficiente para que la Iglesia se plantee la obligación de aclararlas. Puede ser, pero cómo dan lata los incrédulos, ¿verdad?

Los otros curas insurgentes

 Otro aspecto sumamente interesante de las investigaciones históricas de la CEM es que, no contentos con resolver las cuestiones relativas a las excomuniones de Hidalgo y Morelos –y seguramente para evitar que en el futuro inmediato los vuelvan a incordiar con algunos otros nombres rescatados de las páginas de la historia de la guerra de Independencia de México- ahora van tras las huellas de otros curas insurgentes y de la situación particular de la salvación de sus almas.

 El primero en ese otro paquete, es el padre Mariano Matamoros, fusilado en la vieja Valladolid y, según estima la CEM, tampoco muere excomulgado. Hoy día, en la plaza mayor de  Morelia aún se ve la placa que señala el sitio exacto del fusilamiento de uno de los dos “brazos” de Morelos. A diferencia de Hidalgo y Morelos, Matamoros no sufre la degradación sacerdotal, al igual que los presbíteros que marchaban con Hidalgo y Allende en el grupo de insurgentes que pretendía llegar a Estados Unidos y que finalmente fue aprehendido en Acatita de Baján.

 A ese grupo de presbíteros, el obispo de Durango los salvó de la degradación, aunque no del fusilamiento. Sin embargo, en la ejecución, el pelotón no les disparó ni a las cabezas ni a las manos, partes consagradas por el sacerdocio. Se les enterró en el templo de Durango, donde afirma el padre Jaramillo, aún se encuentran sus restos.

 No solo la CEM anda tras la memoria de esos otros curas. Moisés Guzmán, de la Universidad Nicolaita trabaja ahora en las andanzas del padre José Guadalupe Salto, y ha apuntado la necesidad de recuperar la historia del mercedario Luciano Navarrete. A algunos más nos interesa lo que queda de ciertos otros curas… Luis González y González escribió unos pocos años antes de morir que aún faltaba mucho por decir acerca de aquellos que dieron a la guerra de independencia un cierto olor a incienso…

 Bueno, y los libros de texto, ¿qué?

 La cereza del pastel sería regresar al ácido reclamo del padre Hugo Valdemar, quien aspiraba a una “fe de erratas” en los libros de texto gratuitos, respecto a las excomuniones de Hidalgo y Morelos. A la CEM, el detalle no le quita el sueño. El padre Jaramillo prefiere que, primero, nuestros escolares de primaria se aprendan la fecha de la declaración de independencia. Y las modificaciones a los libros de texto, no le parece asunto urgente: “los libros de texto deben cambiar sí, pero por cuestiones más vitales y no por datos accesorios”. Me fascina tanta lucidez… por fin, alguien opina con sensatez acerca de una de las muchas cuentas pendientes de la educación pública mexicana… y estando ya tan cerca el Bicentenario del inicio de la Independencia…

 Y dejemos en paz a los curas insurgentes… al menos por un rato.


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