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Jun
10

Cuatro maullidos sobre Carlos Monsiváis

 

PRIMER MAULLIDO: LA MEMORIA

Que me acuerde, leí a Carlos Monsiváis, de manera consciente, a los 17 o 18 años. Hay un montón de textos que seguramente leí mucho antes, en los primeros años de Proceso, de Caballero,  de Él; visualmente me acuerdo mucho de Por mi madre, bohemios. En la casa de mi abuelita Rosa el clima era razonablemente liberal y open mind: nadie se escandalizaba porque leyera las revistas que mis tíos veinteañeros consumían. Lo que se juzgaba sujeto de censura, simplemente se iba a los entrepaños más altos del librero. Por eso me tardé años en leer Picardía Mexicana, y muy poco a Herman Hesse, a Jorge Ibargüengoitia  o a Carlos Fuentes. Pero también hay que decir que eran muy buenas revistas, bien escritas y mejor dirigidas, no nada más damas en lencería o sin ella. Pero el caso es que mi primer libro de Monsiváis lo compré en el último año de prepa, después de un intenso debate interno que debía resolver: o usaba los ahorros del mes para comprar Help! de los Beatles, o Amor Perdido, de Carlos Monsiváis. Ganó Monsiváis, con la preciosa portada original del libro, aquel cartón de Rogelio Naranjo que me encantó desde que lo vi en una reseña, en alguna revista de las que había en casa, donde un sardónico Monsi de bombín jugaba malabares.

Salvador Novo, las malas palabras, el radical chic, “La Naturaleza de la Onda”, Siqueiros, Revueltas, Isela Vega. Entendía uno al leer la letrita infame de 9 o 10 puntos de la sexta edición de ERA (de 1979, y yo debo haberlo leído en 1982) el rótulo de la portada: “Esta noche nos honran con su presencia…” El libro era para entusiasmarse, era re-entender el mundo de la infancia, del de los años tempranos, el mundo que leía en los periódicos. En esos años lejanos, Monsi me pareció, adolescente libresca, más emocionante que Shakespeare y Borges, aunque no por eso aquellos dejaron de ser entrañables [el inglés y el argentino pertenecen a la categoría de amores profundos], más divertido, más punto de partida para leer después Never ever, la Nueva grandeza mexicana, ocho kilos de libros más, cómo no iba a ser, después de leer en Amor Perdido la fabulosa quinteta de Novo después del intento de homicidio del presidente Pascual Ortiz Rubio:

Logre la bala asnicida

(no por perdida ganada

ni por ganada perdida)

debilitar la quijada

para atenuar la mordida.

Y el otro, el soneto de Novo a Tristán Marof, que me demostró que aún se puede ser sanguinario y hacer daño con la palabra y mantener el estilo:

¿Qué puta entre sus podres chorrearía

por entre incordios, chancros y bubones

a este hijo de tan múltiples cabrones

que no supo qué nombre se pondría?

 El sábado, cuando, en una reunión entre amigos me preguntaban mis ideas acerca de Monsiváis, decía que prefiero, decididamente, a este Monsiváis de 1977, fecha de la primera edición de Amor Perdido. Hará una veintena de años o poco más, que me desagradó verlo caminar entre estudiantes de periodismo dando autógrafos con aire principesco, pensaba y he seguido pensado que mejor más libros y menos aforismos, más el Monsiváis que lee a Guillermo Prieto y menos el de la frase que fulgura, fugaz, en las entrevistas sin ir más allá. Cada quien escoge sus retratos de celebridades.

SEGUNDO MAULLIDO: LOS FELINOS

Nadie que sea capaz de criar gatos tan grandes, tan hermosos, de cogote ancho y pelito fino (como reza la receta española del siglo XVI para guisar un buen gato dado por liebre), como los hijos mimados de Monsiváis, puede ser malo. Tampoco totalmente bueno; para convivir con un gato se necesitan algunos atributos espirituales que no entran en el estándar de lo que se entiende genéricamente por “buena gente”. Para vivir con un gato, se necesita alguna dosis de valor; para decidir y acoger a más de un gato, hace falta ser muy valiente.  Monsiváis tenía una docena, dueños absolutos del territorio, de eso abundan las historias que dan fe. A los pobres bichos les han echado la culpa de la muerte de su padre humano, que si porque sueltan pelo, que si porque no hay que dormir cerca de los gatos, paparruchas y leyendas urbanas. Porque los gatos son la neta. Y si son gatos de Monsiváis, son una neta consentida.

TERCER MAULLIDO: LOS LIBROS

Aparte de Amor Perdido, ¿qué otra cosa leer de Monsiváis? Digo, para mi gusto. Hay fans irredentos que dirán que todo Monsiváis es sublime, y yo lo dudo. Pero sus prólogos a la antología de Guillermo Pieto, a las Lecciones de Historia Patria, el texto excelente que precede a la antología de la crónica mexicana en A ustedes les consta, aquel texto chiquitito, Los mil y un velorios, que condensa la historia de la nota roja mexicana. Muy de época, Entrada Libre, de los días post-terremoto; el bueno, muy bueno, compendio de sus ensayos sobre los liberales del siglo diecinueve, que fue escribiendo y re-escribiendo en varios momentos (por eso cada que lo agarro siento que me regreso a leer, reloaded, sus juicios sobre Prieto) y que por fin se quedó en Las herencias ocultas de la reforma liberal del siglo XIX, que antes había sido Las herencias ocultas del pensamiento liberal del siglo XIX. También está  Aires de Familia. Cultura y Sociedad en América Latina.  Ahora se me antoja emprender un libro que aquí está, pero no ha habido tiempo de empezarlo: El Estado laico y sus malquerientes, que va de la crónica a la colección de hechos recientes que exacerban los ánimos y hacen brotar, entre algunos acelerados, de uno y otro bando, la gana de librar el segundo round de la guerra de Reforma.  De un librito bastante bien armado, que se distribuyó en 2006, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, recupero algunos aforismos, creo muy al caso para estos días de mugrero político-electoral:

  • En los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es una pérdida de tiempo.
  • Impunidad no es que un político o un empresario o un clérigo hagan lo que les da la gana; impunidad es que se multipliquen las denuncias y las protestas y al cabo de todas ellas se demuestre que no pasa nada si un poderoso hace lo que le da la gana.
  • No preguntes qué puede hacer tu patria por ti, eso es egoísta; pregúntate por lo que queda todavía en la patria que pueda ser tuyo.
  • La gran ventaja de las encuestas: nos ayudan a prescindir definitivamente de los argumentos.

El último libro, Apocalipstick, es el repaso del mundo conocido, la narración renovada de décadas ya vividas y cronicadas. No sé por qué Álvaro Cueva se queja de que Monsiváis no llegó vivo a ver las conmemoraciones del Bicentenario y del Centenario: sus opiniones concretas, las hizo saber el día de la rueda de prensa organizada para presentar el libro, y no andaba muy errado en algunas (la mayor parte de) sus apreciaciones. Si alguien es curioso, puede leer el epílogo del libro que se llama (nada más) Lágrimas de Piedra en el Bicentenario (2210). Es cosa de leerlo, porque empieza: “El Comité Organizador de los Festejos Luctuosos del Bicentenario de la Desaparición de la Humanidad Antigua ya anunció el magno espectáculo de luz y sonido en memoria de incontables milenios y del triste final del género humano….”

CUARTO MAULLIDO: LO QUE VAMOS A HACER SIN MONSIVÁIS

La última vez que vimos a Monsiváis por televisión en una no-repetición, fue hace unas semanas, en el programa que Discutamos México dedicó al movimiento estudiantil de 1968. Estaban Elena Poniatowska, Gilberto Guevara Niebla y Monsiváis. Recuerdo que me gustó escucharlo, sereno, analítico, sin jugar al aforismo brillante pero aislado, que tantos años había sido su tónica. Asumiéndose como parte de una generación que ya está entrando en la vejez, pero que podía asumir su pasado de manera inteligente. Cuando en el fin de semana Poniatowska decía: “Monsi, ¿qué vamos a hacer sin ti?” y muchos se suman al drama, los gatos me soplan al oído la solución, infalible para esos casos en los que se nos muere alguien en el corazón o en la razón o en la piel: sencillamente, seguir viviendo, sin dejar que nos insulten ni la dignidad ni la inteligencia.

 


2 Responses to “Cuatro maullidos sobre Carlos Monsiváis”


  1. 1 Gabriel J. García
    junio 25, 2010 a las 2:12 am

    Mi estimada y distinguida Bertha

    La muerte de Monsi nos llena de congoja de un dolor que se siente y cala.
    Tuve la oportunidad de escaparme y ver un ratito la despedida en el Teatro de la Ciudad y mi corazón se lleno de ausencia pero también de gusto porque se fue sabiendo lo que nos legaba.

    Como dato me encantan los gatos, los amo y son mi ruina. He tenido muchos ahora solo son dos. Saludos

  2. 2 Bertha Hernández
    junio 25, 2010 a las 4:15 am

    ¡Solamente dos! Mi querido Gabriel, sabes entonces muy bien a qué me refiero. Yo también adoro a los mininos, hace cinco años que no tengo, después de tener a Andrés, un felino tan consentido como los de Monsi. E insisto, lo que vamos a hacer ahora que no está, es mantener esa distancia lúcida con respecto del poder torcido, que siempre nos hace falta y nos reconforta.
    Un abrazote y dos maullidos.
    BH


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