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Cinema Bicentenario. Episodio 1: El Atentado

Toda la escala de la imaginería bicentenaria, convertida en películas

 A estas alturas del partido, la cartelera cinematografica ya también ha sido receptáculo del espíritu bicentenario, si es que ha habido algo que pueda llamarse así. Hablemos primero de dos películas que, siendo sinceros, son las que ocupan el segundo sitio en mis preferencias, de entre las cuatro ya estrenadas y que, directa, indirecta o forzadamente, tienen que ver con este año de conmemoraciones, para empezar porque tres han recibido apoyo financiero de IMCINE, de FIDECINE y de Conaculta, gracias a una convocatoria pra concurso de guión  vinculado a las conmemoraciones. “Películas del Bicentenario”, las llaman, “Películas Bicentenarias”, “Cine del Bicentenario” y hasta la genial puntada de calificarlas de “Películas Patrias”, que se le ocurrió a alguien que controla la página electrónica de Cinemex. Todas estas expresiones han sido acuñadas al calor de los estrenos de septiembre, de las conmemoraciones de septiembre -lo cual demuestra que aún en la percepción más sencilla la efeméride importante era la bicentenaria-, de los rollos de septiembre y de la necesidad de algunos de demostrar que también había cosas que decir, aparte de lo poco o mucho que las conmemoraciones oficiales (federales, estatales o académicas o de cualquier otro pelaje) hubieran querido proyectar y/o promover en los escasos mensajes y contenidos masivos que circularon en un país donde solamente una cuarta parte de la población mexicana tiene acceso (que no quiere decir “usuario sistemático”) a internet y a las lindezas que allí (aquí) almacenamos.

Las películas del Bicentenario son,  además, una de las maneras en que los mexicanos del siglo XXI interrogamos al pasado; no todo pueden ser “foros de reflexión”, ni repartos de libros de historia. No con las cifras de comprensión de lectura que nos recetó la SEP hace algunas semanas.  Las películas bicentenarias no son documentales; para eso están los materiales difundidos por el History Channel y el Discovery; las películas bicentenarias exploran dimensiones que a un público masivo le resultan atractivas y emocionantes; reinventan la realidad; aplican a la realidad la ficción, la narrativa y la tensión dramática,  aunque le pese a algunos. Además, porque, finalmente, el cine es una industria, la película TIENE que dejar dinero. Llevamos cuatro estrenos de películas bicentenarias, tres con apoyo del gobierno federal. De esas cuatro, una ya ha salido de cartelera; la más cara, por cierto: “El Atentado”, de Jorge Fons, y a la que, por lo que se sabe, no le ha ido nada bien en cuestión de taquilla, siendo como se ha afirmado, la película más cara del cine mexicano: 78 millones de pesos, aunque alguna fuente haya fijado el presupuesto de “El Atentado” en 70 millones.

“El Atentado”, basada en la novela muy atractiva de don Álvaro Uribe, “El Expediente del Atentado” (Tusquets), aborda algunos hechos y personajes históricos: por un lado, el atentado que, en septiembre de 1897, sufrió Porfirio Díaz en plena celebración de las fiestas patrias. Realmente no le pasó nada a don Porfirio; fue, evidentemente una agresión fallida, especialmente porque el autor, un hombre llamado Arnulfo Arroyo, estaba absolutamente borracho. El asunto se enreda con el rápido linchamiento de Arroyo y la oscuridad con que se aborda el caso, que termina con la muerte (para algunos suicidio, para otros homicidio) del inspector de policía, responsable, en primera instancia, de las investigaciones y de la integridad del atacante del presidente Díaz. Son dos los libros que, en el mercado mexicano han tocado el tema en los últimos años: la novela de don Álvaro Uribe, y, con un sentido más de trabajo histórico de divulgación, más que de ficción histórica, “Cuatro Atentados Presidenciales”, de Agustín Sánchez González.

Después de leer  “Expediente del Atentado”, picada de curiosidad, me sumergí en los periódicos de aquellos días. Entre quienes no han opinado bien de la película, surgen las quejas de que, a ratos, la historia les parece oscura y desordenada. Bueno, es que la historia es feamente oscura y su reflejo, a un siglo de distancia, pareciera muy desordenado, añadiéndole las licencias creativas decididas por Fons. De hecho, Álvaro Uribe me cuenta que no existe el expediente judicial del caso Arroyo, ni de los detalles, digamos, “oficiales”, de su ataque al presidente y de su posterior linchamiento y muerte. Toda la información accesible al asunto se encuentra en la prensa de la época, lectura que ya supone toda una aventura. Vean cómo abordó el caso El Imparcial, el legendario periódico oficialista del porfiriato:

La nota, como apareció en El Imparcial en aquel septiembre de 1897.

La crítica de cine es, creo una actividad subjetiva por excelencia. Me parece que han sido injustos con algunos juicios enederazdos contra”El Atentado”, quejándose de haber empleado telones y escenografía en algunas secuencias, en lugar de recurrir a las locaciones. Sobre el tema habría que considerar lo que se hubiese encarecido la producción de hacerle caso a los quisquillosos. Efectivamente, resulta un tanto lenta en algunos momentos, y ciertamente, ayudaría que la audiencia supiese tres gramos más del porfiriato. Pero la realidad es real y ese no es el público que se ha acercado a la película. Creo que sí cumple con dar cuenta de un hecho que, de extraño e inusitado, se vuelve una oscura nota roja, carne de especialistas. La ambientación es excelente y yo no veo mal el asunto de los telones. Quizá en los puntos en los que la Historia con mayúsculas  no nos da mayores respuestas, la narrativa, la literatura, la ficción, nos ofrecen una lamparita para soñar, para intentar explicar y entender algo que, de por sí, en los hechos, fue bastante incomprensible. Échenle un ojo a otro periódico de esos días:

Debajo del retrato de don Porfirio, la nota del linchamiento de Arnulfo Arroyo

El otro punto importante en cuanto a personajes y acontecimientos históricos es uno de los protagonistas principales, encarnado por Daniel Giménez Cacho: el famoso “Pajarito” apodo que disimula a un temeroso Federico Gamboa (sí, el mismo de las fiestas del Centenario y autor de “Santa”); el mismo Gamboa que en su célebre “Diario” anota, inquieto, el hecho de que conoce tanto a Arroyo como al inspector de policía por haber sido condiscípulos suyos. Propietario de una peculiar doble moral, este Gamboa redivivo experimenta una apasionada relación con la prometida de su cuate el policía.

Enredos pasionales aparte, me gusta la lectura  re-creación que de Gamboa hacen primero Álvaro Uribe y luego Fons. “Pájaro de cuenta”, le reprochará la amante dolida el gandul que no quiere comprometer su carrera diplomática-política, tanto por sus amistades de otros tiempos, como por los vínculos que unen a la dama en cuestión con estos personajes problemáticos que se han atrevido a perturbar la paz de las fiestas patrias de 1897. Por cierto, el sobrenombre de “Pajarito” es un seudónimo auténtico, que Gamboa empleaba en su primera juventud para escribir en periódicos.

“Pájaro de cuenta”, reclama una amante resentida para con su contraparte, medrosa y cobardona. En estos tiempos en que Gamboa ha vuelto a estar de moda en algunos círculos, “El Atentado”, que algunos califican de “thriller histórico” (no “trailer histórico” [??], como escribieron en su boletín los compañeros de comunicación de una de las entidades patrocinadoras del filme, el gobierno de la Ciudad de México) es una razón más para que el bueno, aunque miedoso de don Federico, que en sus últimos años festejaba ser un ancianito porfirista y conservador, mantenido por una “mujer pública” o sea su eterna “Santa”,  se siga inquietando en su tumba del Panteón Francés de la Piedad. Yo sí me voy a comprar el DVD. A mí sí me gustó.

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2 Responses to “Cinema Bicentenario. Episodio 1: El Atentado”


  1. 1 Maritza Cantarell
    abril 15, 2011 en 6:26 pm

    Estudio maestría en Ciencias Políticas y en una de las clases me encargaron buscar notas de períodicos de a finales de 1800. Estas que manejas me parecen realmente interesantes, ya que además de reflejar el periodismo de la época en su estado más natural y efervecente, muestra una sed de justicia social que en los últimos años se ha visto distorcionada por los intereses políticos de unos cuantos. Tú la manejaste por el lado cinematográfico y me parece que es excelente que se haya retomado un suceso histórico para que en la actualidad podamos comprender el contexto social, político y cultural de aquellos días trascendentes para la actualidad.

    • 2 Bertha Hernández
      abril 15, 2011 en 6:39 pm

      Estimada Maritza: gracias por parar en este Reino y leer algunos de sus caminos. En efecto, las notas de los periódicos, en torno al atentado contra Porfirio Díaz, nos hablan de un México muy lejano al que vivimos hoy día. Pero la condición humana sigue siendo la misma. Entonces como ahora, los intereses políticos intervienen en muchos tratamientos noticiosos. En los tiempos de don Porfirio y en los tiempos de Felipe Calderón. Ojalá tengas oportunidad de leer “Expediente del Atentado”, la novela de Álvaro Uribe en la que se basó la película que comento y que, me parece, resulta más clara en los aspectos que te interesan, que la película. Como resulta que los expedientes judiciales del caso de Arnulfo Arroyo desaparecieron -seguramente estando muy fresco el incidente-, Uribe tejió su novela únicamente con fuentes hemerográficas. La prensa le permitió reproducir la oscuridad y la intriga que en su momento rodeó el tema. Hay, como ves, periódicos que cuestionan y buscan el hilo que explica el enigma. Otros, como el Imparcial, dan gracias de que el señor presidente salió ileso del atentado. Si contrastas, por ejemplo, con periódicos como El Nacional de los años setenta o principios de los ochenta, verás la cercanía que hay en los medios oficialistas de uno y otro momento. La condición humana desarrolla, hacia el poder, conductas que no parecen variar mucho.
      Gracias y un saludo.
      Bertha.


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