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Lo que me gusta y lo que no me gusta de la inauguración de la Estela de Luz

Pequeño problema: esta imagen se tomó el 7 de enero de 2012.

He aquí que por fin se ha inaugurado el monumento conmemorativo del Bicentenario del inicio de la Independencia, la Estela de Luz. Después de gritos, sombrerazos, pataletas, acusaciones cruzadas, berrinches de arquitectos y advertencias de ingenieros y abogados echados para adelante, han terminado la Estela de Luz. Más aún, se han botado la puntada de inaugurarla la noche del siete de enero de 2012. A estas alturas del partido hemos escuchado hasta el cansancio, hasta la náusea, críticas, denuestos, descalificaciones y uno que otro elogio que se emboza en cierta timidez. Tal es el precio de querer levantar un monumento en los tiempos de la transición democrática, y así suelen ser las cosas cuando todo mundo tiene derecho a preguntar y a exigir respuestas serias. Y esta circunstancia histórica es, tal vez, la que más incomodidades ha generado a los artífices del monumento que, a un par de días de ser presentado en sociedad, ya no siente lo duro sino lo tupido.

Desde la puesta de aquella enorme “primera piedra” de obsidiana, el ya lejano 22 de septiembre de 2009, ya ha corrido mucha tinta y se han impreso muchas páginas de periódicos. Pasaron las fiestas, las polémicas fiestas de los centenarios, y cuando el malhadado Coloso ya era un mal recuerdo escondido en alguna de las antiguas bodegas del descontinuado CAPFCE, el asunto del monumento del Bicentenario seguía en el aire. Más aún, entrado 2010, a unos pocos meses de las conmemoraciones, el (des)coordinador del encarguito seguía jurándole a los medios de comunicación que la Estela de Luz estaría entera y bien hecha a tiempo para que el presidente Calderón la inaugurase el 16 de septiembre, como un siglo antes Porfirio Díaz había inaugurado la columna de la independencia que, también con sus sobresaltos y agarrones, sí estuvo lista para cuando se le necesitó.

Desde el momento en que el secretario de Educación Pública, bateador emergente de este encarguito envenenado, salió al quite para intentar componer de última hora el soberano desmadre que era todo el proyecto de conmemoraciones, y anunció en rueda de prensa que el monumento no estaría listo para el Bicentenario, solamente se dio por oficializado lo que era evidente: pasaban los días, se acercaba  el deadline y nada, que la famosa Estela de Luz no rebasaba la altura de la barda que la empresa constructora tendió alrededor del formidable socavón que hubo de hacer alrededor del espacio planeado para la obra.

Con todo y cuenta regresiva, la Estela de Luz se encendió por fin.

De por sí ya había sido polémico el hecho de que, habiendo lanzado una convocatoria a un concurso por invitación, entre 39 de los arquitectos más destacados del país, donde se pedía claramente UN ARCO -un arco triunfal, se entiende- se haya elegido como ganador del certamen un proyecto que no cumplía con la base esencial. El hecho provocó los comentarios inconformes de uno de los grandes arquitectos mexicanos aún vivos, don Pedro Ramírez Vázquez -organizador, por cierto, de las Olimpiadas de 1968 -bien podrían haberle preguntado a don Pedro algunas cositas para hacer, con éxito, el mitote bicentenario.

El aparente delirio de haber premiado una estela en vez de un arco, me lo aclaró en marzo de 2010 la especialista Louise Noelle Gras, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM:  “Poco después de la apertura del concurso” hubo una reunión entre los concursantes, que está documentada, y  donde se examinaron las bases y se concluyó que no era preciso que se tratara de un arco. No cambiaron las cosas a la hora de la hora. Pero, originalmente, se suponía que habría dos monumentos: un arco, conmemorativo del Bicentenario, y una especie de obelisco que conmemorase el Centenario del inicio de la Revolución y que estaría en Reforma, cerca de donde una vez estuvo el Caballito”.

Según Noelle Gras, la dificultad para llegar a acuerdos entre el gobierno federal y el gobierno de la Ciudad de México también influyó en lo que resultó el monumento conmemorativo en 2010: “fue muy difícil ponerse de acuerdo, la prueba es todo lo que tardaron en comenzar el monumento: que si el terreno, que si los permisos, que si los estudios… La parte del obelisco se cayó por completo y eso influyó en la decisión de que el monumento final no fuese un arco necesariamente”.

La inauguración de la Estela de Luz tuvo un dejo de melancolía de lo que pudo ser y no fue

En algún otro momento, otro de los arquitectos destacados, invitados al concurso, don Teodoro González de León, se quejó, en una entrevista para el periódico Excelsior, de que no se les hubiesen entregado planos de la zona seleccionada para el emplazamiento del monumento -de hecho, donde habría quedado UNA de las patas del hipotético arco-. Tampoco había estudios del tipo de suelo de la zona. Todo quedaba librado, aparentemente, a la iniciativa, recursos y habilidades de los arquitectos participantes, muchos de ellos, si no es que la totalidad, con suficientes horas de vuelo como para no olvidar el Título VI del Reglamento de Construcciones para el Distrito Federal (que si tienen tiempo, ganas y disposición pueden leer acá: http://cgservicios.df.gob.mx/prontuario/vigente/385.htm ) y que trata de la seguridad estructural de las construcciones y que hace énfasis en la necesidad de diseñar estructura resistentes a fenómenos sísmicos y de viento. Parecería innecesario ponerse a pensar en cuestiones como estas, que, para los profesionales de la industria de la construcción podrían darse por sentadas.

Pero no ocurrió así. En aquella memorable serie de ruedas de prensa de julio y agosto de 2010, cuando el secretario Lujambio hubo de presentar al respetable un presunto “tema conmemorativo” que fue literalmente descuartizado por la sociedad civil; cuando intentó desenredar toda la maraña en que se había convertido la contratación del australiano Rich Birch para la realización del magno espectáculo del Zócalo y cuando procuró explicar, de la mejor manera posible las acciones conmemorativas que SÍ se iban a llevar a cabo, aún tuvo paciencia para explicar que era suya la decisión de aplazar la fecha de terminación del monumento, debido a las transformaciones que se estaban haciendo en el proyecto. Una “decisión responsable”, le llamó en su momento, concepto que hasta la fecha se ha mantenido como uno de los tópicos fundamentales para entender porqué la Estela hace su presentación en sociedad más de un año después del Bicentenario del inicio de la Independencia.

Parece que la estela de Luz es capaz de hacer monerías varias al son de la música que le pongan

Desde el anuncio de aquella “decisión responsable”, que se hizo comprensible cuando se supo que faltaban los “pequeños detalles” de los estudios indispensables sobre resistencia a las corrientes viento y a los fenómenos sísmicos, el asunto se enrareció aún más. Afloraron las acusaciones cruzadas de incompetencia profesional -dirigidas contra el arquitecto César Pérez Becerril, incapaz, según sus detractores, de entregar un proyecto arquitectónico sólidamente calculado-  de corrpución -lanzadas por el arquitecto Pérez Becerril contra las constructoras Triple I y Gutsa-  En el áspero intercambio  salieron raspados el secretario Lujambio y sus aspiraciones a la candidatura presidencial del PAN, el (des)coordinador de las conmemoraciones de 2010 y la entidad de gobierno que dirige, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), el Fideicomiso del Bicentenario y Banjército. Se supo de maniobras torcidas en el proceso de adjudicación de la obra, y de la destitución e inhabilitación de unos cuantos funcionarios, responsables de parte de los problemas de clara corrupción. Por ese flanco, de más está decir que la Auditoría Superior de la Federación nos contará, hacia fines del mes de febrero, algunas otras cosas, para acabar de documentar nuestro pesimismo.

Pero finalmente, la Estela de Luz fue inaugurada, en lo que tuvo todo el aspecto de una intentona de madruguete social e informativo. Se anunció su inauguración para el domingo 8 de enero. A continuación, diversos grupos de activistas anunciaron una manifestación, en el mismo sitio, para protestar por el caudal invertido en la estela conmemorativa: mil 35 millones de pesos, IVA incluido, que todo mundo ha querido invertir en escuelas, becas, alimentos y mil asuntos más. Ignorantes de la sabia sentencia que siempre repetía mi abuela paterna, “no hagas cosas buenas que parezcan malas”, el personal de la Presidencia avisó a la fuente hacia las dos y media de la tarde, en lo que parece uno de esos conocidos bandazos programáticos, con toda la intención de que el impacto negativo se quede enredado en las sábanas del domingo, al fin que se leen menos periódicos y los opinadores se toman sus sagrados descansos.  “Estela de Luz: un portento de ingeniería y arquitectura mexicana. Hoy se inauguró.”, tuitearía el presidente Calderón hacia las 10 de la noche del mismo sábado 7.

¿Qué fue lo malo de la esperada inauguración de la Estela de Luz?:

  • La propia idea de armar un espectáculo y una ceremonia inaugural Claro que se trataba de una ecuación con puros escenarios negativos. Si no hubiera habido ceremonia, la Presidencia habría recibido una lluvia de críticas por intentar eludir su responsabilidad en esta historia tragicómica. Como finalmente decidió inaugurarla, también le llueve, y no agua precisamente, por “avalar” todas las cargas negativas que ha recibido la apaleada estela, en estos meses de discusión. Como mero dato, acoto que Lázaro Cárdenas no hizo ceremonia inaugural del Monumento a la Revolución.
  • El intento por reducir el impacto mediático negativo moviendo, de manera intempestiva, el acto programado.
  • El intento fallido por eludir la manifestación de los activistas que insisten en convertir la Estela en un monumento a las víctimas de la guerra contra el crimen organizado, un recordatorio de nuestras crisis de corrupción y un memorial por los pequeños fallecidos en el incendio de la guardería ABC. La manifestación se hizo, de todas maneras, el domingo 8.
  • La clara intención de no hacer una ceremonia masiva, aún cuando se afirma que la Estela de Luz es de los mexicanos y las mexicanas. Pocos invitados selectos arroparon al presidente en su decisión final de inaugurar el monumento con un espectáculo de sonido, para mostrar las monerías que es capaz de hacer el artefacto.
  • Como se pensó en un evento semiprivado, nadie tuvo la delicadeza de colocar, como en otras ocasiones, alguna mega pantalla  o un mega bafle, para poder escuchar el discurso presidencial por encima del ruido de Paseo de la Reforma.
  • Como, nuevamente, se trató de un evento semiprivado, ni siquiera se detuvo la circulación del Paseo de la Reforma. El gesto contribuyó a generar la percepción de que, cuantos menos se dieran cuenta de que se estaba inaugurando la dichosa Estela, mejor.

Lo bueno: Que las ocasiones de contento son las ocasiones de contento, disfrutables para la gente que con alegría bienintencionada e ingenua se acerca para mirar con ojos emocionados las luces, los fuegos artificiales que le gritan a la ciudad que tiene un nuevo monumento. No es tan sencillo ignorar la tierna satisfacción de las pocas familias, de las parejas, de los curiosos que se acomodaron en un pedacito de Paseo de la Reforma, a esperar,  a mirar, a tomarse la foto. A esa gente tal vez no le importen los enconados duelos que sostienen funcionarios públicos, arquitectos e ingenieros. les importa más ese ratito de fiesta, que por algunos minutos hace la vida más llevadera.

Lo triste:  Que esta ceremonia inaugural, rápida, a puerta cerrada, en ese sentido incapaz de comparar las 900 personas (400 invitados especiales de la presidencia y cuando mucho unos 500 que estábamos al otro lado de Paseo de la  Reforma) con los miles de personas que en 1910 acompañaron a don Porfirio a inaugurar la columna del arquitecto Rivas Mercado, no dejó de tener, a ratos, un aire de profunda melancolía. Para algunos tuvo el sabor de aquello que pudo haber sido y sin embargo no fue. En eso pensaba yo, cuando los globos blancos flotaban alejándose y la voz de una soprano llenaba el aire de la avenida. Un globo en forma de paloma, un suave beso de papel dorado lanzado al viento. Qué ganas de pedir a la voz que cantase más, para que ahuyentara las tinieblas de la patria e hiciera salir el sol, como el deprimido Felipe V de España le pidió, alguna vez, en pleno eclipse, al castrato Farinelli. Sueños barrocos para atemperar los malos recuerdos.

A la noche, al ver los noticieros, al ver el rostro del presidente Calderón durante la ceremonia, hablando de las “controversias que son inevitables cuando se trata de construcciones de este tipo”, creo ver esa misma melancolía. Porque la ceremonia, en principio, ha sido impecable. Tiene un problema: que ha tenido lugar el 7 de enero de 2012 y no el 16 de septiembre de 2010.  La mañana del lunes, aún dan la nota los noticieros de televisión. El galobito Miguel pasa delante del televisor encendido a las 7 de la mañana. Se detiene a ver la nota de la inauguración de la Estela de Luz y observa a Felipe Calderón en algunos momentos de su discurso. Y desde la inocencia de sus nueve años me pregunta: “¿por qué está triste el Presidente?”


4 Responses to “Lo que me gusta y lo que no me gusta de la inauguración de la Estela de Luz”


  1. 1 Antonio Fuentes
    enero 10, 2012 a las 7:04 pm

    Maestra Bertha: Queda su testimonial para la historia. Falta, efectivamente, mucho de que hablar del monumento en cuestión. Para mí fue construido en un lugar inapropiado, casi en el metro, a la sombra de la Torre mayor que le quita toda espectacularidad y lejos del disfrute peatonal (ni los noctámbulos más curtidos caminan por allí de noche, vamos, ni Drácula siquiera). Probablemente su lugar ideal hubiese sido en la glorieta de la palma. Av. Reforma se hubiera visto bellísima (y si le volvieran a poner los helechos pisados de sus camellones despues de los conciertos, más) ; pero dada las peculiaridades administrativas (por decirlo con alguna elegancia) que nos narra y las que saldrán en el futuro a la luz, es preferible seguir teniendo ese monumento vegetal a la ya llamada “suavicrema”.

    No luce, le falta espacio, igual que la estatua del pobre Madero, al que le pusieron manotas (limpias) y un pedestalito y ni parece obra de Marín (el caballo sí, precioso, digno de Troya). Como usted dice… “lo que pudo haber sido”. Un abrazo. Muy buen año.

    Por cierto, recibí de la SEP la notificación de que el libro de historia de sexto año, va a ser corregido. No existen los Brenios. Gracias por sugerirme escribirles. Seguimos

    • 2 Bertha Hernández
      enero 10, 2012 a las 8:21 pm

      Querido don Antonio: le mando un gran abrazo de Año Nuevo, con mi agradecimiento por leer y por conversar conmigo en este Reino. En efecto, aún hay varias cosas qué decir acerca de este pobre monumento que tan mal hado ha tenido. El emplazamiento es uno de muchos problemas, y eso tendrá repercusiones en la forma en que la gente hará suyo el espacio. Eso necesariamente decidirá si la Suavicrema deja de serlo y remonta su lamentable debut en el imaginario popular.
      La estatua de Madero tampoco ha corrido con buena suerte. El emplazamiento está permanentemente cochino y me arranca una sonrisa que usted también se haya percatado de las desproporcionadas manotas del Apóstol de la Democracia y tiene una bronca más: no conmemora al Madero de 1910, sino al de 1913, el que, a caballo, escoltado por los cadetes del Colegio Militar, caminó derechito a encontrar la traición en Palacio Nacional y la muerte en los alrededores de la penitenciaría de Lecumberri. Esa, para que vea, es una pifia histórica que merece le pongan orejotas de burro a un par de historiadores que yo me sé. Y de hecho he estado haciendo acopio de datitos acerca de algunos monumentos y espacios marcados por el bicentenario. Ya se los cuento. Mañana, otra parte de la historia de la Suavicrema. Gracias por estar.
      Un abrazo afectuoso
      Bertha.

  2. 3 Claudia Sánchez Cuevas
    enero 11, 2012 a las 12:41 am

    Estimada Bertha…tu texto es algo que permanecerá como parte de quien vive, palpa y respira la historia de nuestro México.
    La Estela de Luz, me ha remontado a recordar una clase en mi muy querida escuela “La Esmeralda”, clase que no fue de mis favoritas pero que, con el paso del tiempo he valorado, ésta era : Arte y Urbanismo.
    La ubicación de La Estela de Luz hace que se vea “gris”, estorba visualmente y fue colocada en un lugar que considero, no será lo que pretendían, un casi “símbolo patrio”. De por si ya está roto nuestro paisaje urbano como para ahora acabarlo de distorsionar con este proyecto que mal culmino por todas las razones que tu mencionas.
    Mi deseo es que tenga una proyección provechosa a la cultura si es que se hará cargo Conaculta.
    Quiza voy a hacer un comparativo burdo, pero pareciera que la función de la Estela de Luz, es como aquella de poner un altar de la Virgen de Guadalupe en alguna calle, para que no sigan dejando las bolsas de basura o no se acerquen los malandros.
    Saludos y mi respeto y admiración por ti.
    La Escultora

    • 4 Bertha Hernández
      enero 11, 2012 a las 3:52 am

      Clau querida: esta historia de los monumentos mexicanos es el cuento de nunca acabar. Algunos otros monumentos han tenido suerte desigual y en variadas ocasiones han estado a punto de construirse y luego, por una razón u otra, el proyecto se atrasa, vale gorro o se desvanece en las numerosas tragedias cotidianas de la patria. Sorprende que, entre tanta pachanga sí haya Estela de Luz, aunque sea para pitorrearnos de ella. Es de esperarse que, al menos en lo que resta del sexenio, el espacio funcione para no acabar de tatemar al Presidente. Después… ¿quién lo sabe? Ojalá se conserve lo que sea estimulante y edificante, como el recuerdo de que, entre tanta podredumbre como a veces advertimos en la vida nacional, sí quedan cosas que valen la pena. Pero esto, hoy martes, son, esencialmente buenos, esperanzados deseos. Que se vuelvan realidad.
      Un abrazo muy cariñoso y gracias por estar.
      Bertha.


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