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Abr
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El reportero Gabriel García Márquez

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En otras épocas, los que estudiábamos periodismo (lectura más terrenal de eso llamado “Ciencias de la Comunicación” ), para acercarnos a una muestra muy pequeña, pero sustanciosa del trabajo del reportero Gabriel García Márquez, solíamos acudir a una pequeña y bonita edición: “Crónicas y Reportajes”, publicada en 1976 por la editorial colombiana Oveja Negra.

Recetarse, en los primeros meses de Géneros Periodísticos, “Relato de un náufrago”, era más o menos indispensable. De esa manera, los que de don Gabo conocían alguna  novela, acaso “Cien años de soledad” o alguna de las ya publicadas para aquellos años -hablo de la segunda mitad de los años ochenta ¡del siglo pasado!- ,se daban cuenta de que había otro personaje que también se llamaba Gabriel García Márquez y que se había formado en las redacciones de la prensa colombiana y que escribía maravillas. Aquel librito que no llegaba a las 400 páginas y que reflejaba a un periodista de mirada cuidadosa y aguda, capaz de encontrar su nota cotidiana en una oficina de correos, en la vuelta a casa de los colombianos que combatieron en Corea, el fulgor de una estrella italiana del cine internacional o un Papa que se va de vacaciones.

Probablemente eramos una cantidad interesante los que veníamos de leer al García Márquez en ejercicio, en los artículos que  publicaba en diversas revistas; artículos que inevitablemente tenían sabor de reportaje,  de tanta y tan buena información que contenían.  Quizá el que más recuerdo, como adolescente monstruo apenas llegada a la Escuela Nacional Preparatoria, es ese texto escrito a raíz del asesinato de John Lennon, que yo leí en la desaparecida revista Caballero -de algo sirve tener tíos  mayores que uno-  y que se había publicado el 16 de diciembre de 1980.

El ojo del buen reportero, se sabe, nunca se queda quieto, de modo que García Márquez  pudo recuperar para ese texto, importante en mi biografía personal,  algo que pudimos haber firmado miles de adolescentes en ese año: Mi hijo menor le preguntó a una muchacha de su misma edad por qué habían matado a John Lennon, y ella le contestó, como si tuviera ochenta años: “porque el mundo se está acabando”. Con sagacidad, don Gabo  concluía que, en ese ya lejano 1980, “la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles“, según escribió, para recordar que en un aún más remoto 1963 escuchó por primera vez a los muchachos de Liverpool, para recordar que en la casa en la que vivía, en San Ángel, “donde apenas si teníamos dónde sentarnos”, había solo un par de discos: uno de Debussy y el primer disco de los Beatles. Reportero que construye la memoria, esa joya inestable, cambiante e inexacta, pero indispensable, aseguraba que “por toda la ciudad, a toda hora,se escuchaba un grito de muchedumbres: Help, I need somebody“.  Maravillosa debió haber sido la ciudad de 1965 en la que los habitantes de la vieja Tenochtitlan  repetían hasta el mareo la canción donde Lennon pedía ayuda a gritos.

Ese artículo de García Márquez tuvo, en su momento, diversos beneficios, aparte del consuelo por la muerte de Lennon: por él me enteré que  Carlos Fuentes escribía a máquina “con un solo dedo de una sola mano“,  “aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen“. Con ese párrafo, García Márquez aniquiló las quejas y pataleos de mis tías, que se quejaban del volumen con que la música amenizaba mis tareas preparatorianas; con ese párrafo, García Márquez exorcizó la culpa pequeñita y molesta, cual pinche mosco, que me daba el hecho de no escribir en la máquina con todos los dedos, como mandaba el canon mecanográfico. Aún me faltaba conocer a muchos colegas que tampoco lo hacen.

Muchos años después, cuando podemos leer, ahora  integrados, los cinco  libros de Obra Periodística de Gabriel García Márquez que amplían y detallan la probadita que significa “Crónicas y Reportajes”, es posible asomarse a la evolución del eterno reportero que fue don Gabo. Tres de los cinco volúmenes corresponden a la producción reporteril de 1948  a 1960, y su primera edición data de 1981.  Engrosa la colección “Por la libre”, colección de 28 reportajes escritos entre 1974 y 1995 y publicados como libro en 1999. El quinto volumen es una reedición de “Notas de Prensa”, publicado originalmente en 1991, y que contiene artículos escritos entre 1961 y 1984,

Los cinco librotes, hoy por hoy conseguibles con unas portadas mucho más hermosas que las diseñadas por editorial Diana en la edición de 2003, amplían la colección periodística de García Márquez,  y permiten leer al personaje, desde los días de “picar piedra”, hasta los años en que podía escribir de lo que le viniese en gana.

Así, junto con los libros “Relato de un náufrago”, “La aventura de Miguel Littin, clandestino en Chile”, “Noticia de un secuestro”, constituyen un banquete para el que quiera conocer al reportero Gabriel García Márquez. Libros como   “Operación Carlota” “Periodismo Militante”  o “Viva Sandino” son, seguramente, punto menos que inconseguibles a estas alturas de la vida. Pero con lo que hay basta.

EL HOMENAJE DE LA PRENSA AL REPORTERO GARCÍA MÁRQUEZ

Si, como parece, la mayor parte de los periodistas en activo hemos adquirido, gracias a los maestros universitarios -que a veces también tienen la gran cualidad de ser periodistas- nuestra dosis mínima de textos periodísticos  producidos por don Gabo,  se vuelve muy explicable el esmero y la calidad de los periódicos  que, desde el jueves santo de 2014 se han dado a la tarea de cronicar la enfermedad final y la muerte de García Márquez.

Fue, pues, una despedida de colegas a colegas, sin entrar en discusiones por la calidad dispareja de la producción cotidiana del gremio. Baste, por ahora, decir, con pruebas abundantes, que todos a quienes se les asignó la chamba, y quienes hoy por hoy deciden qué se publica y cómo en los periódicos, se esforzaron por dar un “adiós” de buena calidad, que se queda en las planas que irán a engrosar los acervos de las hemerotecas, para que, un día, algún curioso o algún investigador se asome a ver lo que dijo e hizo el gremio ante el fallecimiento de uno de sus grandes decanos, con dimensión mundial.

Pasados los primeros momentos, cuando el discurso de los conductores y lectores de noticias de los medios electrónicos se centraron en la obra narrativa y, más específicamente, novelística de don Gabo, poco a poco, con respetuosa suavidad, comenzó a brotar el homenaje de la prensa, de los periodistas, de los reporteros que, desde hace muchos años hemos visto al autor de cientos de paginas de una realidad fantástica y alucinante, como referente, como ejemplo de agudeza y olfato, como modelo de pluma impecable, como vocero de eso que todos los del gremio sabemos pero que no siempre tenemos tiempo de ponernos a escribir: que este, el periodismo, es el mejor oficio del mundo.

Quizá la muerte de don Gabriel sonó  como campanada grave en docenas de cabezas con crianza y espíritu reporteriles. De otra manera sería difícil explicar las espléndidas primeras planas con que la prensa mexicana dio, el pasado viernes,su particular adiós: planas bien resueltas, precisas, casi todas con fotos hermosas,  bien escogidas; con cabezas [titulares, es que así les decimos en México] concretas, exactas. El amplio abanico que va desde  la enunciación de la nota convencional, el hecho noticioso propiamente dicho, hasta el retruécano ingenioso, rayano en la peladez, que por naturaleza identifica a los periodiquitos escandalosos que hacen de la nota roja su garantía de venta.

Unos, los agradecidos, volvieron cabeza principal el hashtag #GraciasGabo.  Otros, apelando a sus usuales muestras de picardía ingeniosa, cabecearon: “Se pintó el Gabo” y otros, sincerotes, se quedaron en “Qué puta tristeza”.  Y lo cierto es que ese afán de escribir para despedirse no se apagó con el aguacero del viernes santo. Si es cierto que los periodistas son mensajeros del caudal de información que un día se convertirá en historia, llegará, dentro de medio siglo, o algo así, el momento en que un lector de hemeroteca se vuelva a encontrar con las páginas que contienen adioses y agradecimientos, cual despedida amorosa para un reportero de altísimos vuelos.

 

 

 

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2 Responses to “El reportero Gabriel García Márquez”


  1. 1 Antonio de Jesús Fuentes Ruiz
    abril 23, 2014 en 3:16 pm

    Maestra Bertha, ¿Cómo está?

    Me ha parecido muy hermoso que se haya acordado usted del oficio primero de este gran escritor y que nos lo traiga a la memoria. Efectivamente, sus crónicas y luego sus cuentos, son los textos que un servidor considera los mayores tesoros del autor, sin que esto signifique de ninguna manera que sus novelas tengan menor mérito. Pero es otro su ámbito, otro el lugar en el que destacan.

    Creo que las primeras obras de un autor, tienen a diferencia de las que permite la experiencia, el empuje del entusiasmo, la verdadera genialidad, y hasta cierta inocencia que no se administra, sino que se entrega a raudales. Quien luego fue un gran árbol, es, en esos libros; una semilla magnífica que sirve de guía, precisamente, a los que también comienzan.

    Para mí, el contarnos los hechos por él constatados de una manera tan deliciosa, tan rigurosamente puntual y con las palabras justas y mejor empleadas, constituyen el claro ejemplo de cómo debe usarse nuestro idioma. Y lo grande que es el que así lo emplea y nos lo regala.

    Tengo textos favoritos de él, desde luego. El primero es un relato sobre María Moliner, la simple ama de casa que nos legó un extraordinario diccionario, y luego el cuento de sangre y amor imposible contados en “La mujer que llegaba a las seis”. Para mí son de una maestría y creatividad sin límite; pero afortunadamente, no son los únicos trabajos que me atrapan.

    Me gustó mucho el cálido adiós que tuvo en nuestro país. Fue digno de los funerales de la Mamá grande, mejores incluso. Ojala al verlos pudiera regresar a contárnoslos bajo su disfrute. ¿Se imagina?

    Nos estamos quedando sin maestros. Y sí, hay dolor por esas pérdidas. Que se nos cure leyendo a Don Gabriel García Márquez.

    Hasta el sábado, maestra. Como siempre, un abrazo. Seguimos.

    • 2 Bertha Hernández
      abril 23, 2014 en 5:00 pm

      Muy querido don Antonio: gracias por leer estas primeras notas sobre el reportero García Márquez. Por la tarde subirá la segunda parte, que tiene que ver con el pasado reciente y la mala costumbre que tienen algunos de querer tirarle bronca a los recién fallecidos, cuando no tuvieron el valor (o la decencia) de hacerlo cuando estaban vivos. A ver qué le parece. Yo, en lo personal, disfruto mucho más los cinco libros de puro periodismo que las novelas, con excepción de una, de la cual escribiré esta tarde. ya me contará. Acá seguimos. Un abrazo.


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