14
Feb
15

Melancolía de febrero: Liverpool esquina Berlín, colonia Juárez

El hogar de la familia Madero en el lejano junio de 1911, cuando todo parecía teñirse de optimismo y esperanza.

El hogar de la familia Madero en el lejano junio de 1911, cuando todo parecía teñirse de optimismo y esperanza.

Mirar los testimonios fotográficos de la Decena Trágica siempre me produce un poco de melancolía. Ya he contado a los visitantes de este Reino que las calles que aparecen en esas imágenes me son caras y cercanas: son los caminos de una parte de mi infancia,  hasta dimensiones recientemente descubiertas. Por eso miro con un dejo de tristeza el viejo edificio de la Ciudadela, descafeinada para siempre de las huellas de los tiros en su fachada, como yo la conocí hace muchos años.

Hace una semana me di cuenta que alguien con una rara idea del pasado, decidió quitar, de la casa de Turín, en su confluencia con Marsella y Versalles, en la orilla de la colonia Juárez, la placa que hasta hace muy poco consignaba que allí estuvo la embajada cubana y la residencia de Manuel Márquez Sterling. Así se va raspando, limando el pasado, la memoria, con la desaparición de sus rastros materiales. Por eso nos queda solamente el consuelo de la historia y de contarles a los más jóvenes lo que allí pasó, para que sea algo más que unos pocos párrafos en los libros de historia.

Con el paso del tiempo, algunos nuevos sitios se integraron a mi iconografía personal de la Decena Trágica, en particular algunos inmuebles de la Colonia Juárez de la ciudad de México, que aún existen y que fueron escenarios de días que parecían luminosos y que luego se convirtieron en jornadas de profunda oscuridad. Uno de ellos se encuentra en la esquina de las calles de Liverpool y Berlín: allí  estuvo el hogar de la familia Madero.

Por lo que sabemos, era una hermosa casa. Con un amplio balcón sobre Berlín, donde, en junio de 1911, don Pancho se dirigió a los entusiastas que lo siguieron, después de su entrada a la ciudad de México y su recorrido triunfal, hasta la colonia Juárez, donde habitaban fortunas porfirianas, familias “bien”, diplomáticos y personajes varios que, en las horas oscuras de 1913, mucho tendrían que decir.

Un breve recorrido por las calles de la colonia Juárez muestra qué pequeño era el microcosmos de los personajes que algún papel desempeñaron en la Decena Trágica. Dos o tres espacios permanecen como fueron hace 102 años. Otros han desaparecido y su huella en los acontecimientos casi se ha perdido. En otros casos, como el hogar de los Madero,  queda el rastro que manos nobles, me parece, han querido conservar.

casa madero 2 (2)

No es sino una placa, una huella de memoria pequeñísima que no fue puesta por el aparato histórico-cívico-gubernamental. Manos probablemente piadosas que decidieron conservar la huella del pasado, aunque fuera tan amargo.

Hoy día, esta casa pertenece a la Orden de Malta. Tiene una peculiaridad: carece de los letreros que identifican las calles.  Es la única de las cuatro esquinas del cruce de Liverpool y Berlín que carece de ellas. Por lo tanto, no es un caso de gandulería, como en tantos rumbos de la ciudad inmensa, donde ni por asomo aparece un mísero letrero que nos permita determinar si ya nos perdimos o seguimos en rumbo, no. Es, de alguna manera, un gesto de respeto a lo que hubo y hoy ya no está.

Porque si miramos con atención la imagen que encabeza esta entrada, veremos que, sobre la cabeza de don Pancho, están, perfectamente identificables y legibles, las placas con los nombres “Liverpool” y “Berlín”. Allí estuvieron y en el desastre del incendio y la posterior demolición de los restos de la casa, desaparecieron, entre ladrillos y cascajo. Como podemos ver en la fotografía de aquí abajo, pasada la quemazón, ahí seguían.

casa madero 4

Por respeto, por silencioso pesar, por peculiar impulso de las autoridades capitalinas, el caso es que esas placas no se han repuesto. Es cierto que los señalamientos están en las otras tres esquinas del cruce. En el fondo, resulta que no son tan necesarias. Pero, ¿esa falta de necesidad es la que explica su ausencia? Querría pensar que no. Preferiría pensar que es tan oscura la huella de lo que allí pasó, por más que nadie de la familia Madero haya salido lesionado y todos hayan vivido para contarlo, que, calladamente, los actuales propietarios del predio, en vez de gestionar la reposición de los señalamientos, han preferido colocar esa otra pequeña placa, que habla de un incendio de otros días.

Tres días después de que el hogar de los Madero se consumiera en el fuego y se redujera a un esqueleto mutilado, los fotógrafos de la Casa Miret fueron a fotografiar el lugar de los hechos. Así la imprimieron como tarjetas postales que circularon con amplitud, casi como una curiosidad, que, acaso, algún despistado pudiera comprar para enviarla a la familia. Don Pancho murió asesinado, como sabemos; para enterrarlo, su familia debió vender su caballo. El dinero alcanzó para pagar otra tumba en el Panteón Francés de la Piedad, destinada a Gustavo Madero. Todo el clan escapaba al exilio, para salvar la vida, pero dejaron lista una fosa para arropar al otro hijo, cuyo cadáver estuvo desaparecido para la familia por varios días. De la casa incendiada, en esos momentos, se ocuparon bastante poco. Había que huir, había que irse. En México se quedaron los vendedores de postales -personajes que a los tres meses de ocurrida la muerte de Madero, se convirtieron en estelares de la obra “El País de la Metralla”- vendiendo, entre su mercancía, la imagen de la destrucción causada por la rabia torcida y la traición, que el día de mañana cumple 102 años de haber ocurrido.

 

Anuncios

14 Responses to “Melancolía de febrero: Liverpool esquina Berlín, colonia Juárez”


  1. 1 Felipe Gálvez Cancino
    febrero 14, 2015 en 10:58 pm

    La actual casa de Berlín y Liverpool es la que en su lugar alzó y habitó con su familia, entre las décadas de los 1940 y los 1960, el arquitecto José Luis Cuevas, quien años antes, en 1909, también edificó la señorial residencia que hoy ocupa el University Club.
    Cuevas igualmente concibió y puso en obra la centenaria Colonia Condesa, con todo y su hipódromo.
    Una hija y alumna de él y tía mía muy querida vive en otra que edificó en la calle del Árbol, en el corazón de San Ángel.
    Cuevas tuvo también casa, hasta 1933, en donde luego las viudas políticas del manco Obregón alzaron el monumento de la Bombilla. El enorme jardín ( 25 mil metros) era el de la casa de don Salvador Cancino Rubio, su suegro, cuya casa, remodelada, todavía sigue allí en pie ( casa Artigas) , propiedad toda que fue expropiada por Aarón Sáenz en 1933 cuando convertido en regente del DDF, decidió honrar la mano anulada para el robo de su caudillo, y actualmente es una universidad patito de las que proliferan a lo largo y ancho de la vasta cuenca.

    Don Salvador casó en su día con la hija de don Feliciano Rodríguez, el caballerizo de Maximiliano y Carlota. Y un hermano de don Salvador, don Xavier Cancino, mi bisabuelo, casó a su vez con Luisa Zarco, una de las dos hijas del liberal juarista Francisco Zarco, de cuya momia le remití meses atrás una imagen.
    Y ya que hablamos de éste, señalemos de paso que el Sanborns que se alza enfrente del inmenso parque fue en su hora más propicia la casa de campo del editor del Siglo XIX, don Ignacio Cumplido.

    Le saluda cordialmente: Felipe Gálvez Cancino

    • 2 Bertha Hernández
      febrero 15, 2015 en 3:23 am

      Muy estimado don Felipe: como siempre le agradezco sus informaciones que me ayudan a cuadrar los varios rompecabezas históricos que armo simultáneamente. He pensado últimamente en escribirle para formularle una pregunta, que a continuación le planteo.¿don Francisco Zarco tenía algún grado de parentesco con la que fue su esposa, doña Luisa Elorriaga? Lo pregunto porque en los catálogos del archivo de la arquidiócesis de la ciudad de México hay un expediente de trámites de dispensa hechos por don Francisco. No he ido a verlos aún, pero me parece un detalle interesante el trámite en sí mismo, pues da mas elementos para explicar, con otros ejemplos, que los liberales de la Reforma no eran ateos, como suele creerse. De hecho, parecería que fueron buenos creyentes, aunque no devotos extremos. Le envío un gran saludo.
      Bertha.

      • 3 Felipe Galvez
        enero 3, 2016 en 3:35 am

        Cierto: Zarco no fue ateo, y casó con la hija de Francisco Elorriaga quien hacia 1829 — año del nacimiento en Durango del propio Zarco–, era gobernador del estado del mismo nombre y jefe del teniente del Ejército Joaquín Zarco, su progenitor y encargado de las fuerzas militares en esa entidad.
        Por eso es que Joaquin Francisco Zarco Mateos nació en la ciudad de Durango el 3 de diciembre de 1829, pues el resto de sus años los vivió en la capital del país o en el exilio a causa de la guerra contra el francés.
        Más todavía, el bautismo tuvo lugar el 7 de diciembre de 1829, en la parroquia de San Juan Bautista de Analco, y los padrinos de bautismo de Joaquín Francisco Ma. Zarco Mateos fueron el señor Francisco Elorriaga, gobernador de Durango, y doña María Ana Gamiz
        Las dispensas de que habla seguramente se tramitaron con motivo de su boda con doña Luisa Elorriaga, en enero de 1862.

  2. 4 Gabriel Jesús García
    febrero 16, 2015 en 4:22 pm

    El tema del blog de hoy es como una extensión de los programas que has comentado en las últimas emisiones de Historia en Vivo que han tratado de Don Gustavo A. Madero.
    Por otra parte es cierto que ya no hay la placa que recuerdo haber visto cuando de niño a la salida de la escuela primaria Víctor María Flores mi mamá nos llevaba a estas calles porque camino al mercado Juárez junto a la casa que perteneció a la embajada de Cuba existió una tienda que también vendía galletas y chocolates .
    También hace unos meses volví a pasar (y aunque restaurada) ya no cuenta con mayor señalización. Es entonces, una pérdida de la memoria del país y de la historia nacional.

    • 5 Bertha Hernández
      febrero 16, 2015 en 8:21 pm

      Apenas hace una semana, mi estimado Gabriel, que regresé a la calle de Turín, por verificar el cruce de las calles que confluyen y forman esa esquina. Me encontré entonces, con que ha desaparecido la placa de la casa del embajador Márquez Sterling. Ve a saber las motivaciones -quien es capaz de hacer estas cosas, es muy probable que no sepa quién fue don Manuel- y no sé si es mejor o peor que se trate de un caso de tontería, en vez de ser un caso de mala fe.
      Por otro lado, la calle de Márquez Sterling está en un sitio que me intriga: frente a la Ciudadela; es una calle diminuta. Dos cosas me mueven a pensar: una, que solamente hay calle para Márquez Sterling pero no hay calle para Anselmo Hevia, el embajador chileno que hasta el último momento presionó para obtener el salvoconducto que salvaría las vidas de Madero y Pino Suárez. Algunos investigadores piensan que Hevia, incluso, hizo más por salvar al presidente que el propio Márquez Sterling.
      La otra cosa que me surge en la mente, Gabriel, es que poco a poco, el descuido, la incuria, hasta la conveniencia, nos quitan estas huellas de memoria. Lo que va a pasar, me temo es que un día un chamaquito cualquiera pasará por la calle de Márquez Sterling y se preguntará quién fue el señor cuyo nombre está en una callecita frente a la Ciudadela. lo que me daría miedo es que no tenga a la mano nadie que pueda y quiera contestarle.
      Te mando un abrazote bien fuerte.

  3. 6 Gabriel Jesús García
    febrero 16, 2015 en 4:35 pm

    Maestra Bertha
    Quiero comentarle que llegó a mis manos un texto muy interesante que se llama Benito Juárez Historia de un Mural donde eres editora y coautora. El texto me encantó porque se ve a esta obra desde otra perspectiva y con otro enfoque un saludo

    • 7 Bertha Hernández
      febrero 16, 2015 en 7:54 pm

      Me da gusto, querido Gabriel, que tengas “Historia de un Mural”, porque se trató de un tiraje pequeño. Celebro que lo tengas, y si te es disfrutable, algo aporte a estas historias de los libros de texto gratuitos que nos son tan queridas. Te mando un abrazo afectuoso.

  4. 8 Antonio de Jesús Fuentes Ruiz
    febrero 16, 2015 en 5:48 pm

    Maestra Bertha; Me llenó de nostalgia. ¿Qué habrá sentido doña Sarita en esas horas tan oscuras, tan horrendas, tan injustas? Su casa, su prestigio, la vida de sus seres queridos, su futuro incierto, todo perdido en esos días. ¡Qué horrible! No cabe duda que seríamos mejores ciudadanos si tuviésemos algo más de empatía por los sucesos que nos han formado. Afortunadamente espacios con éste nos ayudan a mantener esa memoria, tan necesaria para entendernos y valorarnos.

    ¿Recuerda esa fotografía tan hermosa y ambivalente del Madero a caballo, iniciando la luego llamada marcha de la lealtad? ¿La del papelerito? Apenas concluida la decena trágica, en el primer número del Diario Oficial, suspendido en su publicación por esos diez días, se autorizó la propiedad intelectual a su autor, llenando de paso con improperios al prócer caído. Recordé que su lectura, en una visita al fondo reservado de la Biblioteca de México (para mi siempre se llamará así), sentí un enojo muy grande y sentido, que hoy vuelve en la forma de un compromiso para recordar entre los míos, el pasaje de la vida de don Francisco, e ir de visita a ambos lugares, la Ciudadela y su casa.

    Un gran abrazo maestra. Nos escuchamos el sábado.

    • 9 Bertha Hernández
      febrero 16, 2015 en 8:59 pm

      Queridísimo don Antonio: Caminar las calles de la Decena Trágica me llena a mi también de nostalgia. Pienso en que fueron días muy malos y que hubo muchos que supieron estar a la altura de las circunstancias. Pienso en aquellas líneas de José Emilio Pacheco en “Las Batallas en el Desierto”, donde cuenta -y el rasgo es autobiográfico- cómo de niño vio a doña Sara, muy anciana, que vivía en la calle de Zacatecas, siempre de luto por su marido asesinado.
      Ese es nuestro reto, querido don Antonio: no permitir, que en la medida de nuestras fuerzas, nos gane el olvido. Si ve los comentarios de Gabriel, otro buen amigo de este reino, verá que la placa desaparecida de la casa de Márquez Sterling forma parte de sus recuerdos de infancia. No olvidar es volver a caminar las calles donde sabemos que ocurrieron hechos memorables, oscuros y luminosos. No olvidar es contar a los que podamos lo que ocurrió en esos sitios que nos dicen algo de nuestras propias biografías. No olvidar es esto que usted, mi querido amigo y yo, hacemos en este momento: hablar, escribir, para que no se pierda, para que no se desvanezca.
      Le mando un enorme abrazote de regreso. Acá seguimos y nos escuchamos el sábado.

  5. febrero 18, 2015 en 1:48 am

    Es un gusto leerla y un gusto mayor, aun si cabe, disfrutar como disfruto las entradas de este Reino que tanto me ha descubierto desde que comencé a seguirlo hace ya algunos meses. Llegué a estudiar a la Ciudad de México en agosto de 1983 y, aunque vivía entonces en el Estado de México, de lunes a viernes viajaba hasta el corazón de esta camaleónica urbe para seguir mis estudios en la hoy denominada Universidad del Claustro de Sor Juana -entonces Centro Universitario de Ciencias Humanas-. Voy a cumplir treinta y dos años siendo una alma más de las muchas que conforman el “almario” urbano de esta Ciudad de México. Durante esos treinta y dos años, he ido viendo como se ha transformado la ciudad sin que se haya podido evitar esa irreflexiva y poco planeada transformación. En estos últimos años, la avaricia del sector inmobiliario ha echado al traste con muchas casas residenciales de la Delegación Benito Juárez, por ejemplo. Casas quizá no tan antiguas como la de la familia Madero pero, ciertamente, casas que nos hablan del México de los Cuarentas, Cincuentas y aun Sesentas. Si la desaparición de esas mansiones porfirianas nos llenan de tristeza, la desparición de estas residencias que nos hablan de un México más cercano, también. Por cierto, hace unos doce años, trabajaba yo como profesora en el bachillerato de Periodismo y Arte en Radio y Televisión precisamente en el número 39 de la calle de Zacatecas en la Colonia Roma. Una casa hermosa que aun se mantiene en pie ahora como un espacio de manifestación de la cultura independiente. Viví muchas cosas con esa casa y en esas calles circundantes a las que tengo mucho cariño. Y si, alguna vez me platicaron -que no lo leí directamente de José Emilio Pacheco- que por ahí había vivido la viuda de Madero, la omnipresente Sara Pérez, después de su retorno a la patria. Huelgo decir que me pasé muchas horas buscando su casa o el lugar en donde su casa debía haber estado mientras trataba de evocar, a través de la imaginación, un México que solo he alcanzado a conocer por medio de documentales, fotografías antiguas y textos.

    • 11 Bertha Hernández
      marzo 12, 2015 en 2:24 am

      Estimada Carmen: mil gracias por sus amables palabras. Le agradezco enormidades que disfrute las visitas que hace a este Reino. Es una pena que casas con historias -no necesariamente relacionadas con la historia nacional- desaparezcan, como está ocurriendo no solamente en la delegación Benito Juárez: por todas las calles de la Roma se tumban casas antiguas para construir edificios modernos, que vaya uno a saber qué tan bien cimentados estén.
      Por eso la memoria es importante: saber dónde están las cosas, de quién fueron las casas. Así, todavía existe el casco de la Hacienda de San Borja que dio origen a la Colonia del Valle: es parte de un internado de la SEP y está a espaldas de Radio Educación.
      En cuanto a la casa de doña Sara Pérez, es el número 88 de la calle de Zacatecas, no lejos de la antigua sede del PART Bachillerato. Le cuento que hace muchos años, yo di clase en la licenciatura de Periodismo del PART, en la calle de Antonio Caso.
      Así, caminando, andando, buscando datitos es como logramos que el pasado no se apague, que las historias no se pierdan. Le mando un abrazo agradecido.
      Bertha.

      • enero 4, 2016 en 5:28 pm

        Maestra Bertha: Los mejores deseos para este 2016 que comienza. Que siga presente en usted ese enorme entusiasmo con el que nos contagia siempre, ya sea por acá, o cada sábado en nuestro querido programa de radio. Enhorabuena.

        A propósito de el comentario de doña Carmen, me vino de inmediato a la mente la frase de don Francisco de la Maza al respecto “¿Qué acaso el mundo no es lo suficientemente grande como para construir sin destruir?”

        Un gran abrazo. Seguimos.

  6. 13 Felipe Galvez
    enero 3, 2016 en 4:11 am

    Vale la pena añadir este dato que abunda sobre Feliciano Rodríguez, el caballerizo de Maximiliano y Carlota, quien según Guadalupe Rivera Marín, hija del muralista, quien destaca que Diego era sobrino de don Feliciano, pues era hermano de su abuela, y padre del hijo adulterino de Carlota, un militar europeo a quien el muralista trató y saludó en 1918, durante su estancia en Europa, mismo que ese día envió saludos a su abuela y a su tía y el esposo de ésta un abogado de apellido Villar.
    la editorial Siglo XXI publicó en 1993 un libro en el que Guadalupe Rivera Marín y su hijo de apellido Coronel consignan ese dato y hacen notar que en el mural de Un Domingo en La Alameda, entre los rostros de Max y Carlta asoma el rostro de tio abuelo, con su kepí con todo y águila del II impero (coronada) sobre un fondo azul tono PAN, insinuando que el coronel Rodríguez fue quien se llevó a la emperatriz al río, sabiendo que era mozuela.

  7. 14 Felipe Galvez
    enero 4, 2016 en 8:11 pm

    Le dejo la liga a un blog en el que se alude al relato de Guadalupe Rivera Marín e hijo: va

    http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.mx/2014/02/mama-carlota.html

    saludos cordiales de Felipe Gálvez Cancino


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


En todo el Reino

febrero 2015
L M X J V S D
« Ene   Abr »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 7.577 seguidores

Y EN EL VÉRTIGO DE TWITTER…

Comentarios recientes

Bertha Hernández en Postal del pasado remoto: los…
Carlos Gaudencio Vil… en Postal del pasado remoto: los…
juan carlos gonzalez en La Patria está en todas p…
Bertha Hernández en El grito según Federico G…
AGUSTIN SANCHEZ GONZ… en El grito según Federico G…
JUAN ANTONIO HERNAND… en Postales del tiempo pasado: El…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria: la j…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria. Dos:…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria. Dos:…
Gabriel J. García Le… en Tres postales de memoria: la j…

Aquí se habla de:

Para tener a mano

"Hidalgo la historia jamás contada" Adolfo López Mateos Agustín de Iturbide Alejandro Giacomán Ana de la Reguera Antonio Serrano Bertha Hernández Bicentenario del Inicio de la Independencia Biografía de Ignacio Manuel Altamirano Centenario de la Decena Trágica Centenario del Inicio de la Revolución Cine mexicano Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos conmemoraciones cívicas Conmemoraciones del año 2010 conmemoraciones históricas conmemoración del 20 de noviembre conmemoración de la batalla del 5 de mayo cráneo de Miguel Hidalgo cultura funeraria mexicana del siglo XIX Daniel Giménez Cacho Decena Trágica Demián Bichir desfile conmemorativo del 20 de noviembre Día de Muertos en México embalsamamiento de cadáveres Federico Gamboa Francisco I. Madero Francisco Zarco Fuertes de Loreto y Guadalupe Gabriel García Márquez Guillermo Prieto Historias de periodistas mexicanos homenaje a los restos de los caudillos de la independencia Ignacio Allende Ignacio Manuel Altamirano Ignacio Zaragoza Jacobo Dalevuelta Joaquín D. Casasús Josefina Zoraida Vázquez José Emilio Pacheco Laura Méndez de Cuenca Leona Vicario Libros Bertha Hernández G. libros de texto gratuitos Manuel Acuña Martín Luis Guzmán Maximiliano de Habsburgo Miguel Hidalgo Miguel Hidalgo y Costilla Monedas conmemorativas Muerte de Ignacio Manuel Altamirano México Conmemoraciones del Bicentenario Palacio Nacional Panteón del Campo Florido Panteón de San Fernando Pelicula El Infierno Peliculas del Bicentenario México 2010 Película "Héroes Verdaderos" Película Hidalgo la Historia Jamás Contada Películas Bicentenarias Películas del Bicentenario México películas históricas Películas sobre Miguel Hidalgo Pepe Fonseca Personajes en monedas de 5 pesos conmemorativas Poetas mexicanos del siglo XIX Reportero Gabriel García Márquez Restos de José María Morelos restos de los caudillos de la Independencia Restos humanos de personajes célebres Rosario de la Peña y Llerena Terremoto de 1985 en la Ciudad de México traslado de los restos de los caudillos de la independencia en 1823 Zócalo de la Ciudad de México

A %d blogueros les gusta esto: