Archivo para 31 mayo 2016

31
May
16

Tres postales de memoria. Dos: inscripciones de la Torre de Londres.

grafiti torre de londres celdas siglo xvi

Encontré esta imagen en el vértigo de las redes sociales.  Uno de los muros de las celdas de la Torre de Londres. Hay más, muchas más inscripciones. Todas pertenecen a prisioneros que por las más diversas razones fueron enviados allí a pudrirse en vida, esperando la muerte. No todo mundo tuvo la relativa fortuna de Catalina Howard y Ana Bolena, las dos esposas de Enrique VII a las que ejecutaron allí mismo en fast track.  No todos los prisioneros de la Torre hicieron mutis discreto aunque sangriento, como los dos sobrinitos de Ricardo III, legítimos aspirantes a la corona inglesa, a los que su tío les recetó unas vacaciones todo incluido en la susodicha Torre y nadie volvió a verlos más. Creo recordar que en algún momento de los años setenta del siglo pasado, alguien dio cuenta del hallazgo de un esqueleto infantil en las obras de restauración de la Torre.  De todas maneras, las reinas ejecutadas y los principitos han ido a engrosar la enorme lista de fantasmas ingleses que hacen las delicias de los aficionados a las curiosidades paranormales.

Pero los autores de las inscripciones que aquí veo son otra cosa: escudos de armas, crucifijos, nombres grabados en la piedra para evitar que se perdieran en la noche del tiempo. Buscando algunas referencias me encuentro con que muchas de estas inscripciones datan del siglo XVI, cuando el conflicto religioso derivado de las pugnas entre Enrique VIII -otra vez el mismo- y la iglesia católica, sumado a los líos de faldas que ya conocemos, llenó estas celdas de señores que un día fueron poderosos y que decididos a defender su fe, fueron a dar con sus huesos, anglicanos y papistas por igual, porque esa baraja de monarcas que sucedieron al terrible Enrique, dieron para largos días de persecución religiosa.

Pero, después de casi quinientos  años, la piedra permanece. De Enrique VIII quedará un poco de polvo, algunos huesecillos. De sus reinas, poco más o poco menos. De sus hijas, la desdichada Bloody Mary y la formidable -y conflictiva- Gloriana, Elizabeth I, no ha de quedar mucho más. De todos estos prisioneros, es difícil decir el paradero de sus despojos. Pero sus nombres están ahí, en la piedra rascada, tallada como estrategia para no volverse locos en la cárcel, pero también para dejar testimonio de una prisión injusta y una persecución en una tierra polarizada. Caramba, qué coincidencia.

Ahí están los nombres y los símbolos y los escudos de armas en la piedra, y que la piedra siga ahí, que la Torre permanezca en pie y que aún hoy, con trabajos podamos leer sus nombres: Tyrrel, Howard, Arundel, Peverel y muchos otros más.  La justicia está en la piedra; en la permanencia de la piedra, triunfando sobre la muerte.

Anuncios
31
May
16

Tres postales de memoria: la justicia de la historia. Uno: Cotita de la Encarnación.

El fin de semana pasado traje a las páginas de La Crónica de Hoy el recuerdo de la comunidad de varones juzgados por sodomía en la ciudad e México entre 1657 y 1658, cuyo personaje más visible, Juan de la Vega Galeano o Galiano, quien se enfadaba si no le llamaban por su nombre de guerra, Cotita de la Encarnación, y cuya historia abreviada pueden leer aquí.

De Cotita escribió en su tiempo Gregorio Martín de Guijo, autor de uno de esos alucinantes diarios de sucesos, donde se funden los sucesos relevantes con los prodigios y las miserias. Dijo el contemporáneo de Cotita que era muy buen lavandero, que era limpio, aseado “y curioso”. habló de su jubón blanco con muchas cintas de colores en las mangas. En el siglo XX, ya desmecatado (como si alguna vez hubiera estado demasiado contenido), Salvador Novo, en uno de los últimos libros de su vida, “Las locas, el sexo y los burdeles, también tocó el tema. Pero el nuevo siglo trajo, como señalo en el #HistoriaEnVivo de esta semana, otro tipo de rescate memorioso: que Cotita haya sido reivindicado como víctima de un “crimen de odio”, para ser una de las referencias históricas en una marcha del orgullo homosexual en la Puebla de 2012, habla de los sucesos que sobreviven pese a los esfuerzos por desvanecerlos. Contradicción brutal: muchas cosas que el Tribunal del Santo Oficio censuró y prohibió y burocráticamente -en el peor sentido de la palabra- almacenó, son hoy plenamente conocidos: bailes, canciones, impresos, entre comedias, hojas volantes y periódicos, de los cuales algunos sobreviven y otros no dejaron más huella en la tierra que esa mención en un edicto, pegado alguna vez en los muros de una iglesia novohispana.

Hace seis años, un poeta, Luis Felipe Fabre, publicó un libro llamado “Sodomía en la Nueva España”, donde está contado, en clave poética, el caso de Cotita y de los 13 más con los que fue quemado en San Lázaro en 1658. Aquí comparto unos fragmentos:

Dice Gregorio Martín de Guijo en una página de su diario:
Martes 6 de noviembre de este año de 1658.
Dice:
A las once horas del día
sacaron de la Real cárcel de esta corte
a quince hombres: los catorce para que muriesen quemados,
y el uno, por ser muchacho, condenado a doscientos azotes
y vendido a un mortero
por seis años.
Salen
Juan de la Vega,
Miguel Gerónimo, Miguel de Urbina,
Juan Correa, Juan Martín, Juan de Ycita, Benito Cuebas,
Gerónimo Calbo, Joseph Durán, Simón de Cháves,
Nicolás de Pisa, Christobal de Victoria,
Domingo de la Cruz, Matheo Gaspar
y Lucas Matheo, el menor,
y dicen:
Ay de nosotras.
Dice Gregorio Martín de Guijo en una página de su diario:
Lleváronlos por la calle del Reloj y volvieron
por la esquina de las casas de la marquesa de Villamayor,
y fueron vía recta hasta la albarrada de San Lázaro.
Se despobló la ciudad, arrabales y pueblos fuera de ella
para ver esta justicia de catorce personas
por el pecado de la sodomía,
dice,
en una página

Dice Gregorio Martín de Guijo en una página de su diario:
En el brasero se empezó a dar garrote al dicho Cotita
y acabaron con todos los catorce
a las ocho de la noche
que les pegaron
fuego.
Sale
el Fuego: aplausos:
sale el Fuego: verdugo en llamas: sale el Fuego
y ardiente besa a Juan de la Vega en los labios: aplausos.
Un pudoroso biombo de flamas se despliega escondiendo tras de sí
la orgía a muerte del Fuego y los sodomitas
mientras el Otro, teñido de ceniza,
sube al brasero y se pone
a cantar:
de su diario, Gregorio
Martín de Guijo, con límpida prosa
aquí versificada por nefandos afanes de transgénero.

Dice Gregorio Martín de Guijo en una página de su diario:
En el brasero se empezó a dar garrote al dicho Cotita
y acabaron con todos los catorce
a las ocho de la noche
que les pegaron
fuego.
Sale
el Fuego: aplausos:
sale el Fuego: verdugo en llamas: sale el Fuego
y ardiente besa a Juan de la Vega en los labios: aplausos.
Un pudoroso biombo de flamas se despliega escondiendo tras de sí
la orgía a muerte del Fuego y los sodomitas
mientras el Otro, teñido de ceniza,
sube al brasero y se pone
a cantar:
Acaben ya, es nuestro ruego,
brasas, cauterios, rigores,
tormentos, lumbres, ardores,
amante brutal, oh Fuego.
Nada guardes para luego
pues ya, entre requiebros tantos,
morimos pariendo espantos:
se desatan de nosotras,
que en la pira ardemos, otras:
brujas de humo y leves mantos.

El Escribano lee en voz alta un papel que dice:
Juan de la Vega ha muerto.
Dice la Carne: Cotita de la Encarnación,
la Reina de los mayates,
ha muerto.
Dice la Naturaleza: La Reina de las mariposas nocturnas
ha sido seducida por la llama.
Dice la Santa Doctrina: Amén.
El Escribano
prende fuego al papel que dice
Juan de la Vega ha muerto. Y dice: Juan de la Vega
que en vida no fue
más que las permisivas orillas de un agujero
es ya
un agujero sin orillas.
Dice la Naturaleza:
Lamento por Juan de la Vega.
Dice la Carne: Lamento por Cotita de la Encarnación.

Dice la Naturaleza:
Memoria de los ajusticiados y Fábrica de las alegorías.
Dice
la Carne: Hagamos un requiem
que sea al mismo tiempo lo contrario: la canción
del deseo: la dolorosa canción del deseo en la voz de un castrati.
Canta el Otro fingiendo voz de soprano contra natura:
Tú, que de amor pereces,
pues en ti ensaña sus dardos Cupido,
San Sebastián pareces:
hermoso y sólo de flechas vestido.
Dulce martirio que de ti te arranca:
¡no es roja tu sangre, milagro, es blanca!
Dice
la Carne: Hagamos un altar
donde todas las imágenes estén de cabeza:
el altar de los santos invertidos: el retablo de los sodomitas.
Dice la Naturaleza:
Memoria de los ajusticiados y Fábrica de las alegorías.

No es extraño, digo yo, que en las redes sociales se patalee y se libren escaramuzas: tercos algunos, militantes otros, ingenuos otros más: defender la “otra historia”, la “otra versión”; peor aún: “la verdadera historia”. Obsesiones, afanes desde la fragilidad humana.

Dice
el Escribano:
De este modo termina
el “Retablo de los sodomitas novohispanos”:
perdonen sus yerros, sus ripios, sus versos farragosos.
Dice: De este modo termina el poema
y vuelve a comenzar
el mundo.

“Vuelve a comenzar el mundo”, escribe el poeta Fabre. Y sí, vuelve a comenzar. Pero acaso que un poeta escriba sobre catorce ajusticiados de hace 350 años,;que vuelva a contar una historia que sigue ahí, en el Archivo de Indias, acaso sea la mejor justicia: no dejar que la huella de un pasado, por doloroso o indignante que sea, se desvanezca ni que se vuelva exclusivo patrimonio de la comunidad de entendidos.




En todo el Reino

mayo 2016
L M X J V S D
« Mar   Sep »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 7.575 seguidores

Y EN EL VÉRTIGO DE TWITTER…

Comentarios recientes

Bertha Hernández en Postal del pasado remoto: los…
Carlos Gaudencio Vil… en Postal del pasado remoto: los…
juan carlos gonzalez en La Patria está en todas p…
Bertha Hernández en El grito según Federico G…
AGUSTIN SANCHEZ GONZ… en El grito según Federico G…
JUAN ANTONIO HERNAND… en Postales del tiempo pasado: El…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria: la j…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria. Dos:…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria. Dos:…
Gabriel J. García Le… en Tres postales de memoria: la j…

Aquí se habla de:

Para tener a mano

"Hidalgo la historia jamás contada" Adolfo López Mateos Agustín de Iturbide Alejandro Giacomán Ana de la Reguera Antonio Serrano Bertha Hernández Bicentenario del Inicio de la Independencia Biografía de Ignacio Manuel Altamirano Centenario de la Decena Trágica Centenario del Inicio de la Revolución Cine mexicano Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos conmemoraciones cívicas Conmemoraciones del año 2010 conmemoraciones históricas conmemoración del 20 de noviembre conmemoración de la batalla del 5 de mayo cráneo de Miguel Hidalgo cultura funeraria mexicana del siglo XIX Daniel Giménez Cacho Decena Trágica Demián Bichir desfile conmemorativo del 20 de noviembre Día de Muertos en México embalsamamiento de cadáveres Federico Gamboa Francisco I. Madero Francisco Zarco Fuertes de Loreto y Guadalupe Gabriel García Márquez Guillermo Prieto Historias de periodistas mexicanos homenaje a los restos de los caudillos de la independencia Ignacio Allende Ignacio Manuel Altamirano Ignacio Zaragoza Jacobo Dalevuelta Joaquín D. Casasús Josefina Zoraida Vázquez José Emilio Pacheco Laura Méndez de Cuenca Leona Vicario Libros Bertha Hernández G. libros de texto gratuitos Manuel Acuña Martín Luis Guzmán Maximiliano de Habsburgo Miguel Hidalgo Miguel Hidalgo y Costilla Monedas conmemorativas Muerte de Ignacio Manuel Altamirano México Conmemoraciones del Bicentenario Palacio Nacional Panteón del Campo Florido Panteón de San Fernando Pelicula El Infierno Peliculas del Bicentenario México 2010 Película "Héroes Verdaderos" Película Hidalgo la Historia Jamás Contada Películas Bicentenarias Películas del Bicentenario México películas históricas Películas sobre Miguel Hidalgo Pepe Fonseca Personajes en monedas de 5 pesos conmemorativas Poetas mexicanos del siglo XIX Reportero Gabriel García Márquez Restos de José María Morelos restos de los caudillos de la Independencia Restos humanos de personajes célebres Rosario de la Peña y Llerena Terremoto de 1985 en la Ciudad de México traslado de los restos de los caudillos de la independencia en 1823 Zócalo de la Ciudad de México

A %d blogueros les gusta esto: