Posts Tagged ‘Libertad de Expresión

17
Oct
15

Perro… ¿come perro?

buendia

Las generaciones de periodistas que podrían ser englobadas en lo que Jose Luis Martínez S llama “la vieja guardia” tenían un dicho que con frecuencia aparece, entre bromas y veras, en el habla cotidiana del gremio como es ahora: “perro no come perro”. Con el paso de los años, naturalmente, la frasecita ha tenido que pasar por las pruebas del ácido y de la brecha generacional.
A algunos, “perro no come perro” les suena a contubernio, a complicidad en esos recovecos de valores entendidos que no se han ido de las redacciones y espacios similares. A otros, les suena retro, demodé.
Pero en tiempos en que asesinan periodistas y no falta alguien del gremio que diga dubitativo: “vayan a saber en qué andaba”, a ratos parece que este mismo gremio anda, en muchas cosas -moral, profesional, operativamente- algo, bastante desamparado.
A como andan las cosas, no volveremos a ver esas reuniones multitudinarias en las que los periodistas arropaban a un colega amagado por el poder político o fáctico teñido de prepotencia. Es decir, “mostraban músculo”.

Así lo hicieron en 1945 cuando a Martín Luis Guzmán -tan reportero como el que más- se le ocurrió bronquearse con el clero cuando a los honorables señores se les ocurrió andar haciendo procesiones en Semana Santa, estando prohibidas las manifestaciones de fe públicas.
En aquella ocasión, donde se invitó a 600 periodistas y yerbas afines y según Salvador Novo llegaron “como 3 mil”, algunos acelerados hasta propusieron crear un “periódico liberal” que no se hizo realidad porque la concurrencia -con excepción de Siqueiros, que se cayó al punto con mil pesotes de los de entonces- andaba corta de fondos.

Así lucía don Martín Luis en su despacho del Semanario de la Vida y la Verdad.

Así lucía don Martín Luis en su despacho del Semanario del a Vida y la Verdad.

Bastantes años más tarde, los suficientes como para que algunos se acuerden y otros no tengan la más remota idea de lo que aquí digo, un gobernador de Guerrero -caramba, qué coincidencia- llamado Rubén Figueroa, tuvo la mala ocurrencia de amenazar al columnista Manuel Buendía. La solidaridad gremial se manifestó en otra reunión, igualmente masiva, en el restaurante del desaparecido Hotel del Prado, en julio de 1979.
Durante ese encuentro solidario, Buendía, a quien yo no conocí -lo mataron el mismo año que entré a la licenciatura- dijo algo que aún es válido, a pesar del tiempo transcurrido: “Allá, en los pueblos del interior, es donde el periodismo requiere auténtica valentía personal, porque las banquetas son demasiado estrechas para que no se topen de frente -por ejemplo- el periodista y el comandante de policía de quien aquél hizo crítica en la edición de esa misma mañana. Aquí la incomodidad más seria que sufrimos es la de no encontrar mesa en nuestro restaurante favorito de la Zona Rosa.”
En 1984, cuando le pegaron de balazos a Buendía a la salida de su oficina en la colonia Juárez, el gremio, además de indignado, muy asustado, convirtió el funeral del columnista en una demanda generalizada de justicia y seguridad para el gremio. Pero de ese momento, una señora con décadas en este oficio a la que me honra llamar amiga, le dijo a otro cercanísimo amigo: “entonces, fue el miedo el que nos unió”.
Pienso todas estas cosas al enterarme que el columnista Jorge Fernández Menénez -que tiene sus fans y sus malquerientes- acusa al columnista Julio Hernández -que tiene sus fans y sus malquerientes- de encabezar y promover uno de esos recursos ciudadanos que están tan de moda para darle corporeidad al derecho de pataleo, una petición colectiva enchange.org, que exige prohibir la difusión del documental “La noche de Iguala” realizado por Fernández Menéndez. Un integrante del gremio que promueve la censura al trabajo de otro integrante del gremio. Tantos años después, ¿resulta que perro sí come perro?
O, acaso, ¿hay integrantes del gremio que en los momentos pertinentes encuentran más rentable y/o conveniente y/o preferible el activismo al periodismo? Entonces no es un caso de “perro sí come perro”, sino uno de “activista ex-perro pretende comer perro”.
Como siempre ha sido en esta tribu, cada quién sus intereses y cada quién sus mieditos. Porque ese gran miedo que alguna vez acicateó el movimiento colectivo -y que, admitámoslo, nos ha llevado también a hacer osos espectaculares, como el que protagonizamos cuando unos guerrilleros mandaron al otro mundo a los vigilantes de la puerta del viejo edificio de La Jornada- no ha aparecido.

De modo que la polarización gremial sembrada hace unos cuarenta años en una historia que merece ser contada en otra ocasión,  ahora fructifica en la censura pública ejercida entre pares, de balcón a balcón. Es en días como estos que, con alguna melancolía, mi entrañable don Pepe Fonseca y yo volvemos a decirlo: ya no los hacen como antes.

07
Ago
10

Por qué no voy a ir a la marcha de periodistas

NOTA PREVIA:  HOY SÁBADO, FALTAN 41 DÍAS PARA EL BICENTENARIO DEL INICIO DE LA INDEPENDENCIA. POR SI ALGUIEN NECESITA EL DATO…

Ahora sí: Hoy sábado, a las 12 del día, una marcha de periodistas, al grito de ¡los queremos vivos!”, para protestar contra las agresiones a periodistas, la impunidad que ha caracterizado a los asesinatos de periodistas, y a las agresiones que sufren. Ya me llegaron, por dos vías diferentes, ambas de colegas mexicanos. Pero después de pensarlo mucho, decidí que no iré. Y no voy porque creo que no nos hemos portado bien como gremio. Tuvieron que pasar por el horror del secuestro varios compañeros de medios de la Ciudad de México, cuando desde hace años ese mismo miedo y ese mismo desamparo lo sufren los compañeros periodistas de varias entidades de la República. Dice con razón don Pepe Fonseca, juarense a mucha honra, que cuando los chilangos nos ponemos así, es que nos ataca “la ceguera del Altiplano”. Hace varios años que debimos ser solidarios, no dejarnos ganar por el miedo cuando el fenómeno en otras zonas del país ya era importante. Muchas veces nos limitamos a decir, cuando se sabía de algún periodista “levantado”, desaparecido o secuestrado “quién sabe en qué andaría” (y no me digan que no) y no fuimos capaces de quejarnos desde entonces a grado tal que fuese un reclamo nacional.

Hoy, otra vez será una manifestación del periodismo chilango, y sería bueno pensar desde hace cuanto tiempo no honramos nuestra calidad de gremio. Me contaban, porque yo aún estaba muy chica para andar en esos asuntos, que, en el funeral de Manuel Buendía, asesinado en 1984, Isabel Arvide llegaría a comentar: “Nos unió el miedo”. Otras veces hemos armado grandes reclamos al pie de la estatua de don Pancho Zarco, con razón o sin ella: cada año, para recordar a Buendía, pero también hará casi unos veinte años para patalear por un presunto ataque a la libertad de expresión (el asesinato de dos vigilantes de la puerta principal de La Jornada) que resultó ser un lamentabilísimo error . El miedo dispara gatillos, a veces nubla el entendimiento. Haríamos mejor en aplicarlo a las mordazas de terciopelo y corbata que de repente se aparecen y rondan, para evitar que se digan las cosas que se tienen que decir.

NOTA DE SÁBADO. Recibí un comentario de don Emilio Arellano, que, como se puede ver, está en el sitio de comentarios. También está su respuesta, que me apresuré a generar y que también está en el lugar que le corresponde. También espero que el mecanismo haya funcionado bien y haya llegado la respuesta al correo electrónico de don Emilio. Por cualquier cosa, dejo constancia de que he respondido como debe ser. Un saludo.




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