Posts Tagged ‘libros de texto gratuitos

30
Sep
13

La Patria está en todas partes.

patria reloaded

No es esta una frase de mera retórica para despedir el mes de los apaleados festejos civico-históricos. En esta ocasión, es literal, y no me refiero a cualquier patria, sino a la mujer poderosa que representó el artista jalisciense Jorge González Camarena en la célebre alegoría de la patria que sirvió de portada durante diez años a los libros de texto gratuitos.

La historia de ese óleo, “La patria”, es espléndida y algún día habrá que dedicarle un trabajo más amplio; porque es, quizá, una de las imágenes más reproducidas, re-creadas, re-imaginadas y hasta peleadas en la accidentada historia de la segunda mitad del siglo XX mexicano.

Por todas partes resurge una y otra vez el eco de la obra de González Camarena, a despecho de las leyes de derecho de autor, el respeto a los derechos patrimonial delos artistas y a las inquietudes de los herederos de esos derechos, cuestiones todas que siempre dan materia para protagonizar agarrones de antología.

Sin embargo, en el caso de “La Patria” el asunto es complejo. En aquellos años en que yo era algo así como la nana operativa y administrativa del famosísimo cuadro, cada tanto me daba algún leve entre con quienes creían -o fingían creer- que “La Patria” es una imagen de dominio público. Agarrados de esa creencia, funcionarios del Distrito Federal (nada más como claro antecedente de lo que hoy pasa con nuestro Caballito), diputados locales, sindicatos universitarios y yerbas parecidas, han perpetrado montajes e impresiones espantosas de la interesante figura de aquella mujer que, afirman algunos, responde al nombre de Victoria Dorenlas y otros llaman Victoria Dorantes.  Jaloneos, reclamos y una que otra torcida de manita ante el INDAUTOR; pequeños pleitos domésticos  a los que no son ajenos ni siquiera personajes del mundo académico que disparan antes de averiguar y luego no saben cómo disimular que han metido a su institución en un problemilla por esas cosas de tan mal gusto como son los derechos de autor (no le busquen: esta es una figura retórica llamada “ironía”).

Muy diferente es el caso de las escuelas primaria y secundarias de este país, que se cuentan por docenas, en las cuales se juega a reproducir, con desigual fortuna pero con la misma intención, y en dimensiones  desaforadas, a la patria de González Camarena. A veces llena un muro, en otras, abarca todo un lado de una modesta escuela. Alguna vez, uno demis entonces asistentes, al enseñarme una de estas escuelas, en algún punto de Tlaxcala, me dijo: “¿y no les va a decir nada”? Y desde luego que no, no les dije nada. Porque ese inocente, modesto y bienintencionado homenaje a una figura emblemática de la educación pública no tiene nada que ver con los agarrones del debate  educativo, con la gana de lucrar con esta imagen, que es ir a lo seguro, no. Es la memoria de las comunidades escolares, que permea en las más diversas manifestaciones artísticas; que se manifiesta en centros educativos cuyos maestros o directores, seguramente, conocieron estos libros y estudiaron en ellos. Creo yo que mejor homenaje a la obra de un artista, no puede haber, a despecho de lo que opinen los herederos de los derechos.

La portadilla de los libros de texto gratuitos que recibieron los escolares mexicanos entre 1962 y 1972 explica el sentido de esta alegoría encargada por Martín Luis Guzmán a Jorge González Camarena para unificar las portadas, que eran un amplio abanico de próceres y símbolos heroicos en el contexto de las conmemoraciones cívico-históricas de 1960:

“Es la reproducción de un cuadro que representa a la nación mexicana avanzando al impulso de su historia y con el triple empuje -cultural, agrícola, industrial- que le da el pueblo.”

Es, si lo quieren ver así, la Patria del Desarrollo Estabilizador, en cuyos resabios crecimos buena parte de los mexicanos que vamos llegando, en estos tiempos, a la madurez.  Pero ha sido tan larga su presencia, tan profundo su impacto visual, emotivo e ideológico, que es la patria de González Camarena la que los cartonistas representan llorosa, a punto de casarse con Benito Juárez, lastimada o incluso secuestrada. Es la misma patria que está en los nuevos materiales de apoyo que recibieron los profesores de educación básica al inicio de este ciclo escolar y es la misma patria con la que se “acobijan” -como diría Guillermo Prieto-  algunos de los maestros que iniciaron plantones en el Zócalo antes de que la oleada oaxaqueña se adueñara de la plaza.

Algunos ánimos desencantados con nuestro presente le han achacado a la pobre Patria de González Camarena ser el emblema de una realidad inexistente, la de los años del famoso desarrollo estabilizador. Discrepo del juicio.  Las representaciones de “lo nacional” tienen numerosos referentes en la vida de todos los día, y aquellos años sesenta del siglo XX son los años en que en este país se construían museos sin regatearle un clavo a la educación y a la cultura, en que se construían escuelas y en que por primera vez se distribuían libros de texto a los escolares. No era percepción, les guste o no a quienes descalifican con simplismo a una época que definen como “priato” a secas. ¿ideología? Claro que lo era.

Pero esta Patria le es tan cercana a muchos mexicanos, que ayer, que visité la plaza Tolsá para ver de cerca los daños hechos a nuestro Caballito, que me la encontré ayer, en versón reloaded, a los pies de la estatua. Esta patria, que recupera la de González Camarena  y la funde con esta otra patria, contemporánea de la de los libros de texto, creada por Jesús Helguera, que avanza llevando a un niño de la mano. Acá ambas imágenes:

La de Jorge González Camarena:

patria mia

La de Jesús Helguera:

patria por Helguera

Pregunté al artista callejero, hace mucho ya bien establecido en la Plaza Tolsá algunos detalles.  La hizo hace tres semanas. Diariamente la cepilla, le aplica fijador y refuerza el  color. Le pregunté el motivo para hacer esta curiosa mezcla de dos representaciones de la patria. Me respondió: “La de Helguera es una mujer muy blanca.  Creo que la de González Camarena es la adecuada para representarnos”. No más, no menos. El argumento, me parece, es legítimo y preciso, con toda la subjetividad que puede venir de un creador. Me gustó.

El galobito Miguel, a sus once años, depositó, espléndido, una moneda de cinco pesos en la charola del artista que ha sentado sus reales en la Plaza Tolsá.  “¡Qué hermosa!”, me dijo, emocionado, y pidió la foto para su Facebook.  Yo creo que la historia es hermosa también y que importa compartirla. Patria reloaded, patria posmoderna en tiempos oscuros, patria esperanzada todavía. Prometo un día escribirle esta, su post-historia.

 

Anuncios
22
Feb
12

El jueves 23 presentamos el libro nuevo. ¿Me acompañan?

28
Nov
11

Para los amigos: “Así eran mis libros…” Muchas historias por contar.

  Hay muchas historias del pasado que ya ha dejado de ser reciente, pero que aún no ocupa espacio en el mundo de lo antiguo, y que merecen ser contadas. Y lo que cuento en “Así eran mis libros…” La colección pictórica de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, es una de ellas. Es un libro de recuerdos, de memorias, de cómo una imagen le devuelve la infancia a muchos mexicanos. De cómo es que recordamos y conservamos algunos de los días más felices de la existencia: los días de escuela, cuando los ha habido con tranquilidad y estabilidad. Ojalá todos pudieran tener buenos recuerdos de esos días; pero el pasado, para que sirva de algo, mientras menos idílica su reconstrucción, mejor. Pero este es un libro donde hablo de buenas intenciones y de gente que estuvo decidida a concretar  ideas que llevaban rumiando alrededor de medio siglo, en el mejor de los casos, y que habían escuchado de labios de sus maestros o de sus amigos.

El libro de texto gratuito, como fruto del diseño de políticas públicas, como garante de la gratuidad educativa, como continuador de un proyecto educativo que, duélale al que le duela, habla de una visión del mundo que muchos asocian a lo que de revolucionario haya habido en los movimientos sociales y armados ocurridos en este sufrido país entre 1910 y 1921, es una realidad que aún inquieta, irrita, molesta a algunas buenas conciencias. Pero el libro de texto gratuito es una gran cosa, perfectible, con temas y puntos sujetos a discusión, pero que muestra, entre otras cosas, uno de los mejores proyectos del Estado mexicano, y, por cierto, es la muestra de que, cuando una política social demuestra sus beneficios, hasta los vaivenes de la alternancia puede soportar. Acá les comparto la portada, ya empezamos a hablar de estas y otras cosas, guardadas en el cibertintero, mientras  escribía estas historias de imágenes y libros.

11
Sep
11

Mis Once de Septiembre: Salvador Allende.

Allende, aún ahí, en frente al Palacio de la Moneda.

Hoy en once de septiembre. Y esta es una postal del pasado que ya empieza a ser remoto. De repente, cuesta trabajo darse cuenta de que, aquello que era un recuerdo propio, empieza a ser también un pasado que muchos de los amigos de hoy no vieron sino en los libros de Historia. Supongo que, poco a poco, uno se acostumbra a ver cómo los recuerdos son cada vez más pasado y menos anécdota de hace poco, o más o menos poco.

Eso me ocurre con el golpe de Estado  que dio lugar, en 1973, a la caída del gobierno socialista de Salvador Allende, allá en Chile. Son historias de infancia que se cruzan con historias que llegaron a mí mucho después. Hará unos cinco o seis años, hablando con esa espléndida señora que es la historiadora, investigadora emérita de El Colegio de México, Josefina Zoraida Vázquez, hablábamos del libro de Ciencias Sociales de sexto grado, que ella había elaborado, como los otros de la misma materia, como parte de la Reforma Educativa prohijada por el gobierno de Luis Echeverría, hace ya la friolera de 40 años.

Niña usuaria de aquellos libros, sigo convencida que ese volumen de Ciencias Sociales de sexto grado, es una de las lecturas más espléndidas que me tocaron en mis primeros años de lectora. Como yo era niña monstruo, y para 1973 ya a nadie le quedaba dudas de ello, tampoco a nadie le extrañaban ya mis peculiares gustos literarios. El Top era el asombroso, para la niña de 6 años que lo leyó por primera vez, “Manual de Zoología Fantástica” de Borges, maravilloso en su sabiduría y verosimilitud. Lo seguía “Antropología de la Pobreza. Cuatro Familias”, de Oscar Lewis, que contra todas las opiniones de mi madre, mi papá, seguramente picado de curiosidad, se dejó expropiar, argumentando que no le iba a entender a la multitud de peladeces que las familias de Tepito proferían en el retrato que de ellas dejó el autor de “Los Hijos de Sánchez”. Y tenía razón.  Tal vez estaba por ahí “La Vuelta al mundo en 80 Días” de Verne, una edición infantil del quijote, muy bien hecha; en fin, algunos más de los que otro día será bueno hablar.

En 1973 aún no llegaba a mis manos ese libro de Ciencias Sociales que después sería mi delicia y mi tesoro. Lleno de iconografía contemporánea; con las feministas, los Beatles, grabados del siglo XIX, la Revolución Industrial,  los catálogos de modas de 1900 y hasta Ho Chi Minh. No, no estaba aún en casa; en 1973 yo apenas andaría por el tercero o cuarto de primaria. Pero, como niña monstruo, veía noticieros (sospecho que la última vez que me dormí antes de las 8 de la noche fue en 1970).  Y en noticieros vi el golpe de Estado en Chile, vi la grabación del bombardeo al Palacio de la Moneda. Vi las notas del gobierno mexicano ofreciendo asilo a los chilenos perseguidos. No recuerdo a Augusto Pinochet, en aquellos días, pero sí recuerdo la imagen de los bomberos sacando, del humeante Palacio de la Moneda, algo cubierto con un sarape (luego me dijeron que eso era un poncho), debajo del cual nos dijeron que estaba el cadáver de Salvador Allende, muerto por propia mano antes que caer en manos de los golpistas.

Muchos años después, la querida doctora Vázquez me explicaba que esos libros de ciencias sociales que yo conocería en sexto de primaria intentaban explicarle a los niños que lo éramos entonces, el agitado mundo setentero en el que vivíamos. En aquella ocasión, me dijo “… quería que los niños pudieran entender lo que estaban viendo en los noticieros de televisión. No estoy segura de que fuesen muchos los niños de primaria que veían noticieros en esa época. Tampoco estoy segura de que haya muchos niños que hoy día ven noticieros de televisión. Pero cuando esta querida señora, una institución en la comunidad de historiadores me contó su recuerdo, parte de su historia personal, yo también recordé los noticieros que veía de niña y las pinceladas que del golpe chileno se grabaron en mi memoria. Aún hoy, antes que las muchas imágenes que he visto después, sigo recordando la pantalla del televisor.

Muchos años después, en 2005, estuve en Chile por asuntos de trabajo. Un día libre, que por cierto eran elecciones, me fui al Palacio de la Moneda. Tan grande la plaza, tan silenciosa en ese día, tan vacía. Y, en uno de esos ataques de memoria, estaba la canción de Milanés, “yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada…” y vi, en un extremo de la plaza, la estatua de Allende, que me resultó profundamente conmovedora, para la niña que fui, que, por medio de la televisión, vio salir el cadáver del presidente chileno de aquel palacio, y que en esa mañana transparente, estaba parada, convertida en adulta, ante ese lugar de memoria.

Al caminar alrededor de la estatua, me encontré con la placa que recupera una de las frases más importantes que dijo Allende en esos días oscuros. Ahí estaba y ahí sigue:

Y porque somos los mismos de antes, aunque diferentes, porque hay días, personas y lugares que no deben olvidarse, porque la historia de cada uno de nosotros se cruza con los grandes momentos que cambiaron el destino de muchos, es que hay que recordar aquellos días en Santiago de Chile, a Salvador Allende, al México que fuimos entonces y que fue y es refugio y hogar para muchos que debieron salir de aquel país hermoso, que se complace en recordar que es la finis terrae, el fin del mundo de otras épocas. Y por eso, porque siempre hay que recordar, les comparto estas fotos. Abrazos.




En todo el Reino

octubre 2017
L M X J V S D
« Sep    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 7.575 seguidores

Y EN EL VÉRTIGO DE TWITTER…

Comentarios recientes

Bertha Hernández en Postal del pasado remoto: los…
Carlos Gaudencio Vil… en Postal del pasado remoto: los…
juan carlos gonzalez en La Patria está en todas p…
Bertha Hernández en El grito según Federico G…
AGUSTIN SANCHEZ GONZ… en El grito según Federico G…
JUAN ANTONIO HERNAND… en Postales del tiempo pasado: El…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria: la j…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria. Dos:…
Bertha Hernández en Tres postales de memoria. Dos:…
Gabriel J. García Le… en Tres postales de memoria: la j…

Aquí se habla de:

Para tener a mano

"Hidalgo la historia jamás contada" Adolfo López Mateos Agustín de Iturbide Alejandro Giacomán Ana de la Reguera Antonio Serrano Bertha Hernández Bicentenario del Inicio de la Independencia Biografía de Ignacio Manuel Altamirano Centenario de la Decena Trágica Centenario del Inicio de la Revolución Cine mexicano Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos conmemoraciones cívicas Conmemoraciones del año 2010 conmemoraciones históricas conmemoración del 20 de noviembre conmemoración de la batalla del 5 de mayo cráneo de Miguel Hidalgo cultura funeraria mexicana del siglo XIX Daniel Giménez Cacho Decena Trágica Demián Bichir desfile conmemorativo del 20 de noviembre Día de Muertos en México embalsamamiento de cadáveres Federico Gamboa Francisco I. Madero Francisco Zarco Fuertes de Loreto y Guadalupe Gabriel García Márquez Guillermo Prieto Historias de periodistas mexicanos homenaje a los restos de los caudillos de la independencia Ignacio Allende Ignacio Manuel Altamirano Ignacio Zaragoza Jacobo Dalevuelta Joaquín D. Casasús Josefina Zoraida Vázquez José Emilio Pacheco Laura Méndez de Cuenca Leona Vicario Libros Bertha Hernández G. libros de texto gratuitos Manuel Acuña Martín Luis Guzmán Maximiliano de Habsburgo Miguel Hidalgo Miguel Hidalgo y Costilla Monedas conmemorativas Muerte de Ignacio Manuel Altamirano México Conmemoraciones del Bicentenario Palacio Nacional Panteón del Campo Florido Panteón de San Fernando Pelicula El Infierno Peliculas del Bicentenario México 2010 Película "Héroes Verdaderos" Película Hidalgo la Historia Jamás Contada Películas Bicentenarias Películas del Bicentenario México películas históricas Películas sobre Miguel Hidalgo Pepe Fonseca Personajes en monedas de 5 pesos conmemorativas Poetas mexicanos del siglo XIX Reportero Gabriel García Márquez Restos de José María Morelos restos de los caudillos de la Independencia Restos humanos de personajes célebres Rosario de la Peña y Llerena Terremoto de 1985 en la Ciudad de México traslado de los restos de los caudillos de la independencia en 1823 Zócalo de la Ciudad de México

A %d blogueros les gusta esto: